Los Sonámbulos

Del sillón a la puerta giratoria

Como "nota casi perdida", esta semana se informó que el ex presidente Ernesto Zedillo fue nombrado consejero de Citigroup, grupo financiero estadounidense, dueño de Banamex.

Quizás porque el olvido es rey donde la educación hace de la memorización "excelencia académica" -un mal chiste- casi nadie recuerda que Zedillo fue el artífice del ignominioso rescate de bancos, entre otros, de Banamex, con sumas infladas "por arte de magia" que, en 1999, superaron los 51 mil millones de pesos con cargo al erario público, vía Fobaproba -hoy IPAB-, de acuerdo con el recuento de Samuel I. del Villar ("Agravios Nacionales en la Hacienda Pública Mexicana, 1982-2005", Océano, pp. 78-79).

La exención del pago de impuestos -3 mil millones de dólares- por la venta del banco -12 mil 500 millones de dólares- a Citigroup fue tal vez porque el "rescatado" banquero Roberto Hernández invitó al ganador de los comicios presidenciales de 2000, Vicente Fox, a relajarse en su propiedad de la Isla de Punta de Pájaros en el Caribe.

Pero el nombramiento de Zedillo ratifica la forma en cómo opera el poder económico sobre el político y explica por qué, con todo y el vapor reformista y otros trucos ilusorios, la economía local y las demás seguirán fomentando la esquizofrenia concentradora y ampliando la miseria.

Recientemente, el periodista británico Andy Robinson (egresado de Ciencias Económicas y Sociología por la London School Of Economics), realizó un trabajo sobre "cómo la élite económica de Davos hundió al mundo" ("Un reportero en la Montaña Mágica", Ariel) donde cuenta cómo Zedillo comentó al ex secretario del tesoro de los EU, Larry Summers, que Guillermo Ortiz Martínez -su ex titular de Hacienda y privatizador de la banca a extranjeros- tendría que "aguardar para no infringir la ley de incompatibilidades" y poder ser designado "consejero delegado de Banamex" -aunque quizá se refería a Banorte-.

Al margen del humor negro de ensamblar la novela de Thomas Mann, su sanatorio de tuberculosos y la Sociedad del Medio Pulmón -signo de una sociedad burguesa enferma y decadente- con las pasarelas no menos tísicas de los representantes del dogma económico, el episodio de Zedillo alude a las "puertas giratorias que conectan las administraciones públicas con el sector privado en México y Estados Unidos" (p. 89), aunque ilustra con ejemplos de varios países.

Así que si antes un sillón giratorio definía la ideología política -Efraín González Morfín, dixit- hoy son unas puertas. Porque, cierto, todavía no terminaban de instalarse cuando los nuevos propietarios de Ferrocarriles Nacionales de México, privatización de Zedillo, lo hicieron consejero de Union Pacific.

Pero la mediocracia -que también forma parte de las oligarquías aludidas por Robinson- lo presentó como un "paladín de la democracia". Otro mal chiste.