Los Sonámbulos

De la sastrería de la ficción

Tanto en economía como en derecho, el término "simulación" se utiliza para designar dos hechos distintos que al final son lo mismo: una estafa.

"Alteración de la causa o el objeto verdadero de un acto o contrato con la intención de engañar a un tercero haciéndole creer que se trata de otro distinto".

Esto es lo que dicen los textos sobre una tarea de la que diariamente se pueden encontrar evidencias más que suficientes en "reformadores", representadores de la representación ciudadana y otros estandartes representativos de la ficción representada o, para ahorrarnos el rodeo, de la "soberanía a distancia" o telecomunicación del poder (meros "fantasmas", un mundo representado aunque sin voluntad, o, parafraseando a Schopenhauer, la "cosa en sí" pero sin "sí" ni "cosa").

A su vez, en economía se habla de "simulación" cuando se "utiliza un modelo matemático para la representación de una situación económica de manera que facilite la obtención de información acerca de su funcionamiento y permita establecer previsiones de su comportamiento en un futuro".

Esto es práctica cotidiana entre gurús, "ministros del año" y demás especímenes, generalmente fallidos, aunque en los templos de altos vuelos recibe el nombre de "econometría", un espacio saturado de modelos estocásticos, métodos de mínimos cuadrados y cerebros linealmente regresivos y atribulados, donde han resultado más eficaces el "ojo por ciento" o el olfato del tendero marxista, detectores de las pasiones irracionales en materia de finanzas, especulaciones y fraudes.

Todo esto es lo que Chesterton denominaría como "ficción a la medida", costura de alfayate, y justo en esas andan los "emisarios de la soberanía popular", aunque a las primeras de cambio se han quedado con un palmo de narices con sus "reformas" en materia de telecomunicaciones.

"Pistola de agua", se ha dicho, luego de que Carlos Slim anunció la venta de activos de Telmex y Telcel para eliminar la etiqueta de "monopolio" y con ello poder cobrar la interconexión y entrar a la competencia de televisión de paga.

¿Se rompe el monopolio? No. El nombre del posible comprador es lo de menos (pueden ser sus recientes ex socios de AT&T, etc.) pues sobran inversores audaces que no tienen empacho en servir de prestanombres.

¿Se van a generar más empleos? No. El modelo económico depredador, favorecido por la fantasmagórica representación, no está diseñado para eso, salvo para la acumulación de fortunas y alimentar mitos, como el sobado beneficio al consumidor.

En esto tendría que recalar toda esta fábula pero, como ya ha sucedido en otros casos, como en el must carry must offer de TV, los monopolios diversificaron su oferta y redujeron sus costos, pero no sus precios. La reforma en telecomunicaciones es un engaño más de la sastrería política y económica de la ficción.