Los Sonámbulos

De las “robinsonadas” modernas

Sólo con una vena de auténtica mala leche, aseguraríase que las reformas emprendidas por los actores políticos no están diseñadas para generar mayor riqueza. En esto, hasta las voluntades más refractarias a los empeños de los modernos representantes del "ancien régime" carecen de argumentos para una refutación.

Pero como fue puesto al descubierto tras el análisis de la lúgubre tesis de David Ricardo -la pobreza es inevitable- el problema está en la distribución, en el agandalle de la riqueza. Y es aquí donde los "fundamentos" en forma milenaria han doblado el rabo.

Con razón se ha acusado duramente al "padre fundante" de la economía liberal, Adam Smith, cuando definió a la "economía política" como "uno de los ramos de la ciencia del legislador o del estadista", que se propone "suministrar al pueblo un abundante ingreso y subsistencia" y, además, "proveer al Estado o República de las rentas suficientes para los servicios públicos".

En suma, "procura realizar, pues, ambos fines, o sea enriquecer al soberano y al pueblo". (Investigación sobre la naturaleza y causa de las riquezas de las naciones, FCE, Libro Cuarto, "De los sistemas de economía política", introducción, p.377).

Cualquiera que asome la nariz encontrará, primero, que ni el legislador ni el estadista están para ese "ramo de la ciencia", que no hay tal suministro de ingresos ni de subsistencia abundantes para millones y, en el colmo, que tampoco proveé a la República de rentas para cubrir los servicios básicos -el bendito apalancamiento (deuda) con cargos a las futuras generaciones, lo resuelve todo-.

¿Dónde está toda la riqueza entonces? Una parte sin duda está en el empeñoso sector oficial, pero el otro se oculta bajo el fingido desplante de "profundas desigualdades", esa tosca concentración en unas cuantas manos y la miseria de millones que el lenguaje marxista denominó "robinsonadas" -en El Capital y otros textos hace mofa de este héroe de ficción, favorito del canon económico actual- encubierta en "retruécanos faltos de imaginación", diría el teutón, como esos donde las concusiones son legales, la depredación reclama premio al mérito y la usura se presenta como audacia del inversor, incluso hasta filantrópica.

Hacia allá están orientadas las fuerzas, democráticas y representativas, de las "reformas estructurales". La distribución de la renta del petróleo será la coronación de la travesía neoliberal, pero ya sabe lo que sucederá, como ocurrió tras la entrada en vigor del must carry para la televisiòn: van a bajar los costos de producción, favoreciendo a los empresarios, pero no los precios para los consumidores.

El dogma neoliberal es justo eso: generar riqueza -bajando costos, salario y dejando de cobrar impuestos- en beneficio de los de siempre, pero sin ninguna distribución entre el resto.