Los Sonámbulos

De revolucionarios y pertrechos

Conforme a la dilatada experiencia nacional y sus numerosos ejemplos, se prueba nuevamente que no hay nada más raro entre moralistas, santos y políticos que la honradez, como decían los antiguos. Cierto, es un bien que no abunda en la esfera pública y que incluso llega a constituir un veneno para "la buena marcha" del país.

No en balde el futuro desconfía hasta de quienes la lanzan como bandera de gobierno o de campaña pues, según viejas-nuevas consideraciones, todos los medios para hacer moral al político, igual que al capitalista, hunden sus raíces en la "inmoralidad".

Justo por esas reversas hoy los "cincuentones", o los que están arañando esa barrera, se proclaman transformadores de la vida pública, cuasi revolucionarios, del mismo modo que Fidel Castro tomó por asalto el poder a los 32 años y ahí sigue, medio siglo después, acomodándose al "capitalismo realmente existente", sin dejar de proclamar la victoria de la revolución.

Que los matemáticos del Banco Mundial rasuren la historia y solo hablen de 20 años de estancamiento económico (de 1994 para acá) y la consecuente pobreza y su nutrida militancia, sin tomar en cuenta diez años para sumar ya más de 30, no es por falta de rigor en las cuentas o la ausencia de calculadoras, sino porque resulta más que incómodo hablar de retrogresiones, no obstante que se dio muerte a la modernidad y se saltó a lo "posmoderno".

Lo claro es que a pesar de tener la mirada puesta en el futuro se vuelve al mismo estado de cosas y hasta con peores degeneraciones.

Porque todos los niños, incluso uno que otro dirigente, están enterados que los dinosaurios se extinguieron en las postrimerías del período Cretácico, pero aquí es tal la creencia en la "reformadora" actitud de los emergentes revolucionarios, que se piensa que con unas cuantas leyes y los respectivos gritos es posible fulminar a un sistema corrupto, probadamente ineficaz, tanto política como económicamente, inclusive parasitario (por su oligarquía, sólo renovable en la herencia de sangre, con idéntico ADN).

Desde luego, es como amarrar al perro con longaniza, pero de no ser por estas cosas que proyectan el carácter enfermizo de la cultura actual de la vida pública, con todo y sus corruptos cotilleos inmobiliarios en revistas del corazón, la sociedad estaría desarrollando una mayor capacidad de tolerancia hacia el aburrimiento.

A ello abona Banxico y su "arsenal" de miles de millones de dólares (270) contra la previsible depredación especulativa, frente a la cual ni los viejos vaqueros del Oeste, que cambiaron sus caballos y oxidadas pistolas por naves galácticas con letales rayos láser, han podido hacer nada: viven de la ficción (como aquí) y de las artes místicas de Wall Street.

Los pertrechos contra el miedo no han servido para la defensa.