Los Sonámbulos

Los rétores de la felicidad instantánea

Con todo y la profusa difusión, diríase que el discurso de la felicidad instantánea ha venido cosechando magros resultados. El hecho de que hasta los representantes del neoliberalismo reconozcan que desde hace 32 años la pobreza extrema sigue casi igual que como la dejaron sus pares del Estado benefactor (populista), es un lance más para intentar despistar que para buscar corregir; está lejos de la autocrítica o de la contrición.

Si esto fuera así, las iniciativas reformistas habrían estado cargadas de revolución verdadera para sacudir las estructuras que han configurado una mezcla explosiva en las últimas décadas: hambre y malestar frente a una grosera concentración de la riqueza.

A ello hay que añadir la violencia, tanto la oficial como la criminal, que apenas le da descanso a una sociedad que ha dejado de creer en casi todo, otro elemento a considerar frente al oportunismo político investido en caudillos.

No otra cosa generan estas recetas discursivas de paraísos "fast track". A manera de guisa, recuérdese lo que ha sucedido en otros frentes en circunstancias "reformistas similares", como han sido estos más de 30 largos años de niebla neoliberal, como acertaría Pablo González Casanova.

Ahí está el caso de Hosni Mubarak, ex dictador egipcio, a quien le fue como le fue no por haber detentado el poder por cerca de 30 años. No. La Primavera Árabe, que alcanzó a Mubarak, se inicio justo por una serie de reformas que hicieron y promovieron que en esa nación, como en otras, surgiera una oligarquía corrupta que se hizo de todos los bienes nacionales, en tanto que el grueso de la gente apenas y podía solventar sus necesidades básicas.

La misma fortuna de Mubarak se estimó en su momento en 70 mil millones de dólares, mientras la sociedad miserable, calculada en más del 40 por ciento, sobrevivía con menos de dos dólares al día.

Eso sí, cuando el dictador se presentó en foros de corte neoliberal no había nadie en ese mundillo que no lo aplaudiera por sus exitosas "reformas estructurales", por la desregulación (sinónimo de desmantelamiento del estado frente al capitalismo) y la privatización de las paraestatales por cerca de 7 mil millones de dólares.

El furor neoliberal podía justificarse: Egipcio crecía 8.7 por ciento. Y hasta pusieron como ejemplo a Mubarak de lo que debía hacerse al mando de un país si lo que se quería era progresar.

Brevemente: este progreso, en el sentido más capitalista y más salvaje del término, debe entenderse como la generación de riqueza para unos pocos, no así de su distribución. Lo importante en el modelo neoliberal es eso: generar riqueza, no distribuirla, como ha asegurado uno de sus representantes.

Por supuesto, los que aplaudieron rabiosamente al dictador apenas asomaron las narices para defenderlo del descontento social. Como beneficiarios, ya no necesitaban exponerse.

De regreso con los rétores de la felicidad fugaz, habría que esperar entonces algunos momentos de "ficción de la economía", con ligeros lances ondulatorios para dejar brevemente el modelo del estancamiento a perpetuidad, y luego retornar al mismo lugar.

Esto no es economía cíclica, sino cínica. Egipto, Brasil, México, etc., son muestra del reformismo que da vueltas alrededor. "Porque hay momentos en la vida... que son momentáneos", resumiría el gran Cantinflas.