Los Sonámbulos

La respuesta está en el Nobel

Cualquier diletante musical sabría que Bob Dylan no utilizó más de tres notas en casi todas sus composiciones, y algún versado en versos aceptaría la razón por la cual le otorgaron el Premio Nobel de Literatura: "por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la tradición de la gran canción americana".

Algo habrá tenido que ver también la trascendencia y vitalidad de sus poemas, una invitación a la interrogación permanente, viaje interminable de ida y vuelta al origen de la nada (tipo Sartre) que busca respuestas del "yo" para su otro "yo" (un Rimbaud blusero que dio a sus fans material para liderar incluso religiones eléctrico-sicodélicas, como Hendrix)

¿Con ello se cumple la profecía sobre la muerte del escritor y de la literatura? Veamos: Dylan, igual que La Biblia, Cervantes, Shakespeare y muchos más, ha tenido millones de "lectores de oídas", y quizás es una treta para que éstos, blanco del sarcasmo de Fernando del Paso (Viaje alrededor del Quijote) al fin se vuelvan "leyentes de letras", así sea digitales, de modo que hay que descartar funerales anticipados, estribillo chocante entre enterradores fallidos y confusos.

Iconoclasta durante más de medio siglo, Sócrates con guitarra y armónica, Dylan es la ironía acústica, con poemas de protesta social, lapidarias expresiones sobre el dinero, que "no habla, jura", dice, como las vanas promesas del capitalismo libertino de siempre) y también sobre la miseria y la opresión, letras rodantes a las que ni la conservadora Iglesia Católica ha regateado su importancia. No hace falta saber que el viento sopla (¿habrá alguno que no?), pero su profundidad e influencia ha sido causa de episodios legendarios, como cuenta en uno de sus libros Joseph Ratzinger (Benedicto XVI, en "Juan Pablo II, mi amado predecesor"):

En un concierto en Bologna, en 1997, durante el XXIII Congreso Eucarístico, Juan Pablo II respondió al clásico "Blowing in the wind", de Dylan, quien actuó en ese encuentro religioso. Dirigiéndose a la juventud, Wojtyla soltó:

"Un representante de ustedes dijo que la respuesta a las preguntas de la vida está 'soplando en el viento'. ¡Es verdad! Pero no en el viento que sopla y se lleva todo en remolinos vacíos, sino en el viento que es el aliento y la voz del espíritu, una voz que llama y dice '¡ven!' Me han preguntado" –continuó, citando el tema de Dylan- "¿cuántos caminos debe caminar un hombre antes de que puedan llamarlo propiamente hombre?" Respondo: ¡uno! Hay sólo un camino para el hombre y ese camino es Cristo, quien dijo: 'Yo soy el camino'. Él es el camino de la verdad, el sendero de la vida".

"Las letras de Dylan son parte del paisaje, como el nombre de los países en un mapa", dice Neil Young, quien no tendría que añadir nada más a sus Memorias ("sueños de un Hippie").