Los Sonámbulos

De la próspera mediocridad

Al referirse a los horrores humanos que acompañaron la celebración del campeonato mundial de fútbol de 2010 -la humillación a Grecia por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), la fosa común en Colombia con miles de activistas asesinados por el Ejército, catástrofes ecológicas provocadas por la codicia petrolera en el Golfo de México, la masacre israelí contra palestinos en barcos, pederastia católica, etc-, Eduardo Galeano reportó en el parte:

"...se nos iban dos escritores sin suplentes, José Saramago y Carlos Monsiváis, y los extrañábamos como si no supiéramos que seguirán resucitando entre los muertos, por imposible que parezca, por el puro placer de atormentar a los dueños del mundo..." ("El Fútbol a sol y sombra", Siglo XXI, p. 264).

Hoy es posible decir lo mismo del escritor uruguayo y del novelista alemán Günter Grass: no tienen suplentes y, aunque quiso la suerte que ambos partieran físicamente el mismo día, desde luego van a seguir atormentado a la oligarquía mundial y a sus órganos de fonación por el puro canijo placer.

Porque las Venas Abiertas de América son en realidad la crónica permanente de las arterias saqueadas del mundo, y se deja ejemplo que después de la tragedia y el arrebato (juvenil) es posible "decretar la expulsión de las creencias" y abjurar "de la magnitudes absolutas, del blanco y negro ideológicos", e instalarse en la duda, a decir de Grass ("Escribir después de Auschwitz", Paidós, p. 25).

Esto viene a propósito del modelo capitalista de la próspera mediocridad, fomentado y defendido en "cumbres" y demás reuniones insulsas del FMI y del BM, ante lo cual no faltaría algún historiador que escribiría cuán interesante, pero inútil, resultaría especular respecto de lo que Keynes y Harry Dexter White hubiesen pensado sobre la transformación de unas instituciones "que ellos crearon teniendo en mente objetivos muy distintos, como el de alcanzar el pleno empleo..."

Pero es en estos casos y en otros vitales donde se eleva el valor de aquellos que, en pública conciencia, hicieron de su pensamiento un látigo que permanentemente está restallando la (in) conciencia de los fabricadores de sueños desiderativos, prestos a reamueblar, en cada estafa capitalista, ya financiera o inmobiliaria, los aposentos metafísicos de los que se han apropiado del mundo.

No deja de ser divertido cómo ha venido resucitando la teoría de la pobreza y la miseria en voz de quienes la han promovido, llena de frases untuosas aparentemente preocupadas, al tiempo que remachan tercamente en visitar al viejo boticario para echarle una palada más al muerto.

Todo desde el pedestal del desprestigio y la incapacidad de sacudirse creencias, fórmulas de sufrimiento y desprecio que Galeano y Grass abordaron a su modo, y luego de muertos seguirán. Canijo placer.