Los Sonámbulos

De las posadas balzaquianas

El escenario es propio de una representación, más palpable que simbólica: "sobre reacciones" neoliberales, antes denominadas "exhuberancias irracionales" merced al "espíritu animal" y su ludopatía casinera, y "sobre reacciones" en torno de criminales que los cronistas de nota roja de otras épocas habrían vinculado con la prole descarriada, pero que ahora ocupan espacios abundantes y hasta las portadas de publicaciones especializadas en economía.

"Todo va junto con pegado", han dicho algunos bardos que, con mucha lona recorrida en la polémica, han exhortado a estudiantes de economía y ministros del ramo a leer todos los textos de Honoré de Balazac, si es que realmente quieren aprender algo de su profesión, desechando voluminosas y ampulosas teorías.

Y es que como en la narrativa de ese llamado "fedatario del instinto humano", la situación actual se asemeja a los alegres episodios de aquellos que nunca han escondido "sus garras comerciales" ni dejado de "especular sobre los placeres de la vida", esos donde nadie se encuentra "cómplice del crimen sobre el que descansa la opulencia" de alguna familia encumbrada.

En esto de la economía el crimen, igual que la virtud, "tiene sus grados", según se infiere de uno de sus personajes balzaquianos en "La Posada Roja", mientras otro expone, como cualquier forista en esas cumbres de postín celebradas en paraísos fiscales en los que reina el espíritu depredador: "¿Dónde estaríamos todos nosotros si hubiera que buscar el origen de las fortunas".

Con esto se encubre un enlace matrimonial donde la dama ha recibido como herencia una fortuna bañada en sangre y otros trastupijes, pero también se convalida el grado criminal y se le publicita como parte de la creatividad de seres virtuosos, cuando no de la meritocracia, siempre a despecho de envidiosos.

En la búsqueda de culpables, la teología neoliberal apunta ahora al supuestamente poco claro modelo económico chino, a la caída del precio del petróleo y al aumento de la tasa de interés por parte de la "Fed" de Estados Unidos; todo eso en menoscabo del peso, cuya inútil defensa sigue alimentando a un adiposo buitre con miles de millones de dólares.

Todo ello es parte del problema, sin duda, pero lo fundamental, lo que se omite, está en otro lado: son los globos inflados mediante las finanzas y que, como sucede en cada capítulo similar, tarde que temprano estallan. El encubridor término de "volatidad" no cubre nada.

"Todo parece estar en nuestra contra, hasta nosotros mismos", diría el clásico, seguido de los sacerdotes del capitalismo libertino que, nuevamente, eluden el problema principal, localizado en un mundo financiero desbocado, presto a hacer volar cualquier economía a la menor provocación (como es el caso de la devaluación del Yuan), sostenido por sus peculiares posadas.