Los Sonámbulos

De la pérdida de fe política

De acuerdo con los tratados del satírico Jonathan Swift, cualquier aspirante a personaje en la vida pública debe cultivarse con esmero y andar mucho camino si quiere superar las etapas artesanales del engaño y consolidarse como un escultor de la mentira.

Oficio no apto para iniciados, a manera de guisa, las chozas incendiadas y campos sembrados de cadáveres deben pasar como honorables actos de pacificación o de defensa y no como viles ejecuciones o genocidios de fundamentalísimos religiosos por motivos expansionistas ni de despojo.

Así se podría hacer olvidar que grupos como el musulmán Hamas, que gobierna Palestina, fue aliado del estado israelí que hoy lo combate y lo publicista como un ente terrorista, compañero de viaje con el noble fin de "debilitar" a la Organización para la Liberación Palestina (OLP) que por años comandó, claro, otro "terrorista", Yasir Arafat (Premio Nobel de la Paz, por cierto)

Pero las mentiras que no superaron la etapa de formación en la escuela de cuadros, típicas de los partidos revolucionarios-conservadores que no han acabado de pronunciarse contra el IVA, previa campaña intensa, cuando ya se están desmintiendo con la misma intensidad.

Algo ha fallado en el histérico Ministerio de la Verdad orwelliano, responsable de diseñar engaños con fines saludables, cuando la mentira totalitaria y la democrática quedan sepultadas casi al momento de ser difundidas.

Diríase que es por efecto de las nuevas tecnologías y sus grandes autopistas de información, donde la histeria es peor que la cualquier diván.

¿Qué ha pasado con los otrora mentirosos de la vida política en nuestro país? ¿Han dejado de creer en sus propias mentiras y por eso a la media hora ya están metiendo reversa? ¿Han perdido la fe? Están igual o peor que los oráculos del capitalismo neoliberal, caso extremo de autodesmentidos casi al instante.

Es de reconocerse, empero, que no han abandonado la elevada misión de hacer feliz a la sociedad aún en contra de su voluntad, gente ingrata que, como siempre, no ve que cada reforma que aumenta impuestos (como el IVA), cada gasolinazo, cada aprobación para asumir fraudes con cargo al erario público (Fobaproa, pasivos de Pemex y CFE) y cada vez que se promete el último y feliz horizonte, es por su propio bien, es para que no pierda la fe en la humanidad ni muera la esperanza.

Los actores políticos y económicos han olvidado que, según los tratadistas, la mentira es el último consuelo de los espíritus derrotados, pero la torpeza la ha colocado como un simple paliativo frente a la desesperación.

Hasta los bonos de los diputados, que antes eran parte de la Comisión del Rumor y el Cuchicheo, se ventilan documentalmente, descubriendo así que la mentira, antes insobornable y solemne, ahora hasta precio tiene y es pasto para moneros irrespetuosos.