Los Sonámbulos

Más partidos ¿más opciones?

Con mucho sentido del humor, y su buena dosis de tragedia, debe tomarse la noticia de que el flamante Instituto Nacional Electoral (INE) otorgó registró como partidos políticos a tres nuevas organizaciones. En la nómina de las prerrogativas públicas estarán el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) con su pastor-caudillo al mando; el Frente Humanista, resabio del conservadurismo religioso más rancio y, por si hacían falta más bendiciones, Encuentro Social, otro frente con tufo religioso metido a las lides políticas.

Todos, por supuesto, se dicen "liberales", cualquier cosa que dé a entender esto, habida cuenta la ambigüedad de la vida pública pues los que ayer erigieron monumentos por la nacionalización del petróleo, hoy hacen otro tanto para festejar su privatización, coronando sus empeños de capitalismo libertariano -libertino- antes que liberal, de las últimas tres décadas.

Así que en los próximos comicios del 2015 los ciudadanos tendremos entre diez sopas -opciones- a escoger.

El problema es que no parece que con esto se vaya a generar un sacudimiento en las viejas estructuras sobre las que se ha montado el capitalismo depredador y trastupijero.

Lo mismo da repartir lo que nada cuesta -el estado benefactor, papi tutelador de vidas y conciencias- que enfundarse en un traje de bondadosa filantropía concentrando la riqueza, desplegando sermones para alcanzar supuestos horizontes humanistas mediante alianzas religiosas.

Los que ahora hablan de transformar al país han tenido la oportunidad de hacerlo, pero en vez de eso fomentaron un clientelismo político que ha hecho del ciudadano un ser dependiente, un voto más previa entrega de despensa.

Es el resumen de una democracia despensera que se agota en la dádiva, en la entrega de tinacos para agua, en bultos de cemento, etc.

Del otro lado, los que dicen lo mismo también han tenido, y tienen, la ocasión para mostrar su pretendido talante transformador, pero en cada paso reafirman su "gatopardismo", un día pronunciándose en contra de cualquier aumento en el IVA y otro festejando lo contrario, alegando siempre en ambos casos una postura "por bien del país" y, falta agregar, en memoria de la cuasi olvidada "Roqueseñal".

Es cierto que la democracia es flexible y tolera cualquier cantidad de expresiones; no admitirlo sería lo más antidemocrático; pero una situación partidaria como la configurada supondría una lucha entre opuestos, con ofertas y plataformas distintas de las que tradicionalmente se "venden" en otras tiendas, no un acumulamiento de las mismas "sopas" investidas en nombres y envolturas diferentes.

La verdadera oposición a toda esta oligarquía partidocrática, facha del poder económico, se ha manifestado de otra manera y en otros frentes menos comprometidos con la nómina empresarial y política.

Bienvenidos los nuevos partidos, total, el presupuesto público da para eso y más, pero lo que hace falta son verdaderas opciones, con compromisos "revolucionarios" no en el sentido que los profesionales de la agitación y el alboroto le han conferido, sino de propuestas encaminadas a sacudir inercias y a deshacerse de pesados fardos porque hasta ahora, parafraseando a Emerson, todo intento de cambio genuino no ha sido otra cosa más que una mera opinión (muy costosa para el país).