Los Sonámbulos

En el país de los bardos salvajes

Condenables sucesos en "el país de la matanzas", según el paisaje de caos y de maldad resumido por la jerarquía católica respecto de la situación, el crimen organizado, es decir, la unión de individuos indeseables y otros de su misma laya pero investidos de representantes populares o servidores públicos, vive a plenitud su propio "Estado de Derecho".

En esto, la entidad de Guerrero es partícula de un universo creado por coleccionistas de atrocidades y donde, en el caso de los normalistas de Iguala, la simbiósis crimen-política no reveló la "debilidad de las instituciones", como se dijo tersamente. No.

Se trata de una "cultura" forjada a fuerza de "grabarla en lo vívido", como diría el ensayista italiano Claudio Magris ("Literatura y derecho ante la ley", Sexto Piso, p. 37) y bárbaramente expuesta mediante fosas funerarias clandestinas, panteones de la ley y de cualquier signo humano.

Sepultada la ley positiva (aplicada sólo en urgencias políticas) se vive en el "buen y antiguo derecho": el de la "costumbre", que en esa lides es definición de corrupción e impunidad, con sus episodios sangrientos y de dolor.

"Yo soy un hombre totalmente ilegal", cita Magris al bardo, filósofo e ingeniero alemán Georg Friedrich Philipp Freiherr von Hardenberg, al cual es preferible llamar por su seudónimo: Novalis.

Efectivamente, el derecho suele derivar en escuela de poesía, a decir del narrador, aunque en nuestro caso la retórica balbuceante busca justificar su propia cultura, poblada, sí, de "rapsodas" bárbaros.

Cuéntese entre ellos a traficantes de dólares y defraudadores (llamados inversionistas o, tibiamente, "sacadólares") que llegaron al "top ten" Forbes para codearse con narco-asesinos; también, a pederastas y políticos de la mano y a tratantes de mujeres como líderes de partidos políticos, interminable fauna que sintetizan el sucio poderío del avariento y miserable interés por aniquilar lo humano.

Lamentablemente, Iguala sólo es signo de un "estado de derecho" más amplio, el cual sirve ya para justificar la prolongación mediocre de la ortodoxia capitalista y sus timos reformistas.

"Doblarán las campanas y hombres de luengos cabellos vestirán chaquetas bordadas de oro y se pondrán a orar por el crimen. Volverá a empezar el negocio habitual, ancestral y horrible. Los directores de periódicos echarán manos a la obra para despertar el odio y el crimen disfrazados de patriotismo, y verán con regocijo duplicarse sus ventas. Los fabricantes, comerciantes y contratistas...se agitarán alegremente en espera de dobles ganancias. Funcionarios de todo tipo se afanarán con la esperanza de robar más que de costumbre...", escribió Tolstoi.

Por suerte, aquí las masas no ahogaron su desesperación ni su enojo en las canciones "josealfredinas", ni las lubricaron con tequila.