Los Sonámbulos

Del nuevo progreso bárbaro

Según la catarata de expresiones tras la promulgación de las leyes secundarias de la reforma energética, Salvador Novo tendría material a pasto para reescribir "Nueva Grandeza Mexicana", aumentando el color de sus crónicas.

Ahí está el renacer de la patria, con sus nuevos y sólidos cimientos, "gracias a la unidad de propósitos" que hicieron que en unos meses (unos 20) se superaran "décadas de inmovilidad", derribando barreras que, se dijo, "impedían" a nuestro país "crecer de manera acelerada y sostenida".

No se explicó si esto es por el largo periplo del "estancamiento estabilizador", criatura neoliberal que va para más de tres décadas con su mediocre 2 por ciento de crecimiento, o debido al insomnio político de los últimos años, pero encaja más en lo primero, si bien lo segundo es también un monumento a la parálisis sonámbula, deliberada.

El caso es que resurgió de todos los roncos pechos el clásico ¡"voy, voy, no se me desavalorine!", como si se tratara de una nueva expropiación (aunque sea al revés) y hasta composiciones cuchufleteras del tipo: "ganó la patria sin vencer a nadie", inundaron el espacio para coronar un empeño que parece haber encontrado, al fin, las fallas que han fomentado un crecimiento más que mediocre de la economía.

Y es que los partidarios del capitalismo sin fronteras y sin controles, por no hablar de gerentes de la venta de tianguis de los bienes públicos, se tardaron más de 32 años, pero al fin descubrieron que este motor llamado México no puede funcionar sin el concurso privado en la explotación de un bien nacional (el petróleo y demás energéticos)

Miguel de la Madrid, en 1982 (iniciador de este periplo estancado), no podía sospecharlo, aunque tenía fijo el cerebro en las recetas hardvarianas y de los epígonos de Milton Freadman.

Tampoco lo olfatearon los neoliberales que lo sucedieron y subastaron todo lo que se podía subastar, a precios ridículos (como Teléfonos de México, los bancos y los ferrocarriles) para que, al final, se crearan monopolios y cárteles, fraudulentos y saqueadores, sobre todo en el caso de la banca.

¡Albricias pastores!: a partir del 12 de agosto y más allá de efemérides, el país será otro, en una feliz combinación de delirios a corto y largo plazos que promete inundar los bolsillos de toda la recua de menesterosos generada por el mismo fallido modelo neoliberal que hoy está en franca bullanga, orgulloso, por sus reformas.

A la vendimia no podía faltar el clásico discurso nacionalista: México sigue siendo dueño y rector de la industria.

Lo demás no deja de ser también una broma casi macabra: que bajarán los precios de todos los productos (gasolinas, gas, electricidad, etc.) y nada más faltó decir, para profundizar la crueldad, de que todo esto condensa la ruta modernista trazada por el reformismo neoliberal, iniciada por De la Madrid, consolidada con Carlos Salinas, recrudecida por Ernesto Zedillo, mantenida por Vicente Fox y Felipe Calderón... con el citado 2 por ciento de mediocridad en la economía.

Esa es la verdadera vocación de modernidad y del evangelio del capitalismo, exclamaría Novo, sin hacer profesión de fe, como decían que acostumbraba con el optimismo.

Pero se vende lo que el cronista narraría como un lance que apuesta por el porvenir ilimitado... un "progreso bárbaro" con un cuerno más abundante que el de López Portillo.