Los Sonámbulos

Las nuevas adicciones


Steve Jobs, fundador de Apple Computers, y blanco de reconocimientos mundiales entre tirios y troyanos, no tuvo empacho en reconocer que su experiencia al consumir ácido lisérgico –el célebre LSD que le imputan a Los Beatles y a JimmiHendrix como combustible de sus viajes sicodélicos-, fue "una de las dos o tres cosas más importantes que he hecho en mi vida".

No podía ser menos pues debido a uno de esos "tours" imaginó el "ordenador" y con ello dio forma a uno de los más grandes emporios tecnológicos y financieros con su gran variedad de productos (en "Radicales libres", de Michael Brooks se da a conocer ese y otros pasajes de "La Anarquía secreta de la ciencia", un champurrado de curiosidades que vale la pena disfrutar).

Paradójicamente, Jobs nunca imaginó que su tecnología habría de generar adicción entre las personas a escalas inimaginables, para la cual se ha acuñado el término "Nomofobia", esto es, el miedo irracional a no cargar teléfonos celulares o a no estar detrás de una computadora, "conectado" siempre a mundos virtuales como las redes sociales (Facebook, Twitter, Whatsapp).

El moderno Robinson Crusoe, de Daniel Dafoe, es ahora un cibersonámbulo invadido por la angustia, una sensación de vacío, miedo y nerviosismo, como sucede con el alcohólico o el adicto a enervantes.

Los problemas comienzan a aparecer sobre todo entre adolescentes y estudiantes, cuyo rendimiento escolar está peor que si estuvieran frente a la "mala maestra" de Popper, que ya es decir bastante.

De esa manera, una nueva generación de ciberzombis, con un estado de ánimo en los linderos del suicidio o de echar pleito a la menor provocación, es lo que se está incubando. Y aquí no hay ningún Ejército en las calles, menos en las tiendas, porque el puritanismo tiene una fe ciega en las bondades del libre mercado, a pesar de su prohibicionismo letal en el caso de las drogas duras.

Tampoco está ningún Albert Hoffman, progenitor del LSD, para enviar, como hizo con Jobs, cartas pidiendo apoyo para estudios de siquiatría, pero algunas comunidades ya comenzaron a alertar sobre el abuso de esa tecnología.

El cuadro clínico de los "nomofóbicos" va desde ansiedades, palpitaciones, sudores y aislamiento hasta actitudes agresivas, cambios de estado de ánimo, inseguridad, cansancio, falta de sueño, etc.

Por lo menos habría que exigir que toda esa tecnología cargue la clásica advertencia: "el abuso en el consumo de este producto es nocivo para la salud".