Los Sonámbulos

De las “negras” Horcas Caudinas

No por ocurrencia, el filosofo, historiador y militar que fue Karl von Clausewitz, estableció que la guerra, en vez de compararse con algún arte como sugirieron algunos tratadistas antiguos, tendría que "asimilarse" como una competencia de negocios, "que también es un conflicto de intereses y actividades humanos", semejante más todavía "a la política de Estado, que también puede considerarse un tipo de competencia en los negocios, en gran escala..."

De ese modo, todo acto político y económico está configurado a partir de la famosa "trinidad" del citado personaje: odio, cálculo e intereses, lo que supone colocarse las antiparras de corresponsal de "guerra" hasta en la parafernalia diplomática pues la premisa primordial en todos los casos es la misma: desarmar al enemigo y someterlo a la voluntad.

Nada disimulan, por ejemplo, la caída libre de los precios del petróleo que ha dejado varios damnificados -nuestro país, entre ellos- ni los tibios amagos europeos por instituir un "impuesto de control" -Piketty, dixit- sobre el capital especulativo, fundamentalmente estadounidense (Goldman Sachs, JP Morgan, Morgan Stanley, Bank of América, etc, sin discriminar a los de allende el charco, como Credit Suisse, Deutsche Bank, HSBC, Rabobank y otros).

"Los semicivilizados tártaros, las repúblicas de los tiempos antiguos, los señores feudales y las ciudades comerciantes de la Edad Media, los reyes del Siglo XVIII y, por último, los príncipes y el pueblo del Siglo XIX, todos ellos libraban la guerra a su manera, cada uno en forma diferente, con diferentes medios y con diferentes propósitos", dice el historiador.

Así, por ejemplo, refiere que "las hordas tártaras buscaban nuevas moradas", marchando con mujeres y niños con el objetivo de someter y/o expulsar al enemigo. En número eran superiores.

Y mientras las potencias hacen eso buscando por sus medios no ceder un ápice en su hegemonía y recomponer sus propios navíos -"a ver quien sale vivo", parece ser la postura de la OPEP, cuyos miembros se han negado a reducir la producción y frenar el desplome- en nuestro país la dimensión del golpe tampoco pudo ser simulada tras la emisión de 6 mil millones de dólares de bonos de deuda a pagar en "tres tramos": mil 500 millones de dólares en julio de 2020, otra cantidad igual en enero de 2026 y 3 mil millones de dólares en enero de 2046.

Pasados por las Horcas Caudinas (negras) de la humillación, los cónsules locales de la reforma energética dicen ahora que lo peor no será este año, sino el 2015, que es cuando se verá el enorme agujero provocado por esta guerra petrolífera.

Un gobierno desesperado que sólo ha podido conciliar con sus iguales, actores políticos hijos del mismo interés que los fecundó, es capaz de eso y más ante un hecho innegable: no hay credibilidad ni confianza, duro peso a remontar.