Los Sonámbulos

De cómo moverse entumecido

Sepultado el optimismo superficial que señalaba el camino hacia un nuevo país, las escasas reservas de energía conducen ahora por caminos de una extraña realidad que, sin embargo, mantienen algunos rasgos de un empeño mal encausado o de cierta e involuntaria pérdida de memoria.

"Mantendremos el camino que ha rendido frutos a la economía desde hace 20 años" ha dicho, con tijeras en ristre y en medio del vendaval petrolífero y financiero, el denominado (seguramente por sus cuates) "pensador del año".

Aclárese primero que tales frutos de tal camino se han venido sembrando y cosechando desde hace 33 años (casi dos sexenios no pueden ignorarse por arrebato, envidia, despecho, o simple desmemoria) y, segundo, que se trata de una afirmación que no esconde ningún misterio ni intenciones.

Dicho así, se supone que las aves de mal agüero están en otras trincheras y si el 2014 cerró con espesos presagios ante la caída de casi 50 por ciento en el precio del petróleo y con la pistola del capital especulativo en la sien, el 2015 se inició con otros más densos, según la vereda trazada.

Para evitar extenuaciones innecesarias en el conteo de millones pobres, de otros tantos desempleados, "ni-nis" y todos esos inconvenientes estadísticos, así como en el recuento de fraudes bancarios, especulaciones, saqueos al erario y otros "fallos del mercado" que dejaron al horizonte promisorio como un esforzado pero inútil recurso retórico, la obligada vía que se va a seguir se resume en el ya prolongado período de "empobrecimiento otoñal", una lapidaria, concisa y maciza descripción de los devastadores ciclos del capitalismo, a decir cierta píldora clásica.

Con esas travesías daría la impresión de que el capitalismo está produciendo a sus propios sepultureros, según la profecía de hirsutas y viejas barbas, pues los recorridos fársicos por remodelaciones de fachadas ilusorias se realizan sobre la reciente y contundente historia, incapaz de mentir.

Es por esas raras artes del fundamentalismo económico olvidadizo, que hace casi un siglo situaciones semejantes comenzaron a abonar al surgimiento de caudillos locos y otros deschavetados paladines de la democracia. Lo que siguió después lo sabe cualquier escolar.

Son por esas omisiones y desviaciones por las cuales ahora la lenidad, la corrupción, la impunidad, la depredación financiera, la concentración de la riqueza no siempre pulcra y el despojo han podido ostentarse como divisas de honorabilidad y decencia, así como de empeño infatigable y mérito.

La insistencia de continuar por rancios caminos sepultó la euforia ilusoria, sí, pero también a las "reformas estructurales" que, pese a la propaganda, desde su concepción estuvieron condenadas a fenecer. El absurdo es que lo que va a mover al país es el entumecimiento económico, si bien nos va.