Los Sonámbulos

De monopolios y cárteles

En las actuales condiciones de la economía, el título de esta entrega resulta cuando menos pleonástico.

Pero no está demás hacer acompañar esos términos y establecer las diferencias, ahora que la propaganda conservadora, en apariencia repelente a los adjetivos, emplea uno ("preponderante") en sustitución de los sustantivos colectivos, mismos que, según cualquier texto sobre gramática, nombran seres que engloban a otros de su tipo o clase (ejemplo obligado: monopolizadores-monopolio)

Esto es distinto de "mini-monopolizadores", reductivo despectivo, mala leche y que ni siquiera viene el caso pero que sirve para alejarse de la tentación del especialísimo en sustantivos expuesto por HM Henzensberger, como el de "idiota", "imbécil", "gaznápiro", "loco", "burro", "papanatas" y otros más gruesos que tampoco tienen vela en el entierro y que ni falta hace mencionar en diminutivo, a menos que se quiera ser sarcástico -he aquí un tema para "idiotitas", se ilustraría-.

Sin que ello sea el prolegómeno de un asunto "ad hoc", en la disputa entre monopolios de las telecomunicaciones, lo que es posible advertir es que una vez terminada la refriega cada cual agarrará sus maletas, se irá a casa y, pasado el trago, buscará la conciliación de intereses, un pacto para sacudirse eventuales competidores y no competir entre ellos, todo, claro, por el bien del país y del sector (ajá).

En las rigurosas normas de la economía, esto quiere decir que los hoy rijosos, el día de mañana acordarán tarifas y todo lo demás para conformar un cártel económico, como sucedió en el ámbito bancario, pese a la promesa gubernamental neoliberal, reiterada, de que habría competencia, más crédito y menos abusos en los cobros de tasas de interés y de comisiones.

La misma oferta de hace dos décadas con la banca, repetida ahora en torno de las telecomunicaciones (aquí sí, un asunto relacionado, para el que lo crea, con los sustantivos que Hans Magnus cita en su "Guía para idiotas").

Ahí se ve, como en el petróleo, el inicio del pavimento que conduce a la estafa, una conspiración contra el consumidor, supuesto beneficiario del reformismo, éste sí, elogiosa y hasta obsequiosamente adjetivado aunque las cosas empeoren o, con algo de suerte, quizás queden igual.

Los antiguos sugirieron que el lenguaje debe apoyar al régimen de la misma manera en que lo hace la casa de moneda, pero dejaron clara la advertencia de que no se debe acudir a ella a acuñar nuevas palabras todos los días pues, además de que el estilo pierde su principal virtud, que es la perspicacia, nunca faltan traductores o cronistas de hechos cotidianos.

Los propagandistas de adjetivos los emplean para buscar afianzar al sistema, esa es una de sus funciones, igual la de pedir a los demás no utilizarlos, aunque se incurra en el error de confundirlos con sustantivos.