Los Sonámbulos

De los malos mentores

¿Sorprende que de 130 mil 503 aspirantes, 72 mil 032 no cumplieron con el perfil para estar al frente de alumnos de educación preescolar, primaria y secundaria? No. Tras ser examinados por la SEP resultó que 60 por ciento de profesores no está apto.

Se pensaría que la SEP, que tan sólo tiene disponibles 16 mil 500 plazas, maniobró para dejar sin empleo a una gran cantidad de candidatos a mentores, pero en realidad tendrá un problema, y serio, pues unos 51 mil 471 demostraron que tienen estatura para poner los pies en las aulas y estarán en todo su derecho de exigir una plaza.

¿Qué va a hacer la SEP con todos ellos? Nadie lo sabe. Cumplidos los requisitos, a ver qué se inventan las autoridades para impedir que los profesores no organicen líos, aunque es claro que las escuelas no se construyen en un día, como tampoco se pueden abrir plazas sin las elaboración de un proyecto presupuestal previo.

Pero el fondo de todo el asunto es el mismo que se ha venido padeciendo desde hace décadas, con o sin reformas y con o sin la presencia de tenebrosas figuras al frente del magisterio.

Lo que se está enseñando incluso a los candidatos a mentores no responde a un modelo educativo que permita salir del estancamiento generalizado. Es la mala educación, la enseñanza basada en esquemas rebasados, lo que se ha visto reflejado en los resultados arrojados tras los exámenes de la SEP.

¿Qué les enseñan a los profesores en las aulas que no están capacitados para enseñar? Por aquí tendría que empezar la autoridad pues si sus planes no son capaces de capacitar a nadie, ¿entonces para qué están diseñados?, ¿hacia dónde están dirigidos?, ¿qué los nutre?

Los resultados, vistos incluso en la fría estadística, deberían perturbar a más de uno pues en el extremo, se está evidenciando que no se tiene un plan ni medianamente adecuado para adiestrar a quienes se pretende depositar la grave responsabilidad de procurar el aprendizaje de otros.

Convengamos, buscando amortiguar un poco esto, en que las reminiscencias de los viejos caciques se están mostrando con toda su crudeza, exhibiendo uno de los peores rostros de la educación.

Queda claro que no sólo hacía falta sacudir fuerte ese anquilosado sector, sino también remover y quitar todo el escombro de un edificio educativo que desde hace tiempo, especialistas y no tanto, han denunciado como agotado, falto de contenido para formar hombres y mujeres plenos para enfrentar los desafíos nacionales, sin nada que aportar.

¿Qué se está haciendo para ello? Poco o nada. Los reformistas se han conformado con lograr que el perro cambie de dueño pero sin promover que deje de serlo, como diría cierto militar.

Algo provechoso se tiene que obtener de estos resultados y, sin pensarlo mucho, ya se tendría que estar convocado a especialistas en el tema para que de una buena vez se asista a los funerales de un modelo educativo que no está diseñado siquiera para enseñar a los que van a asumir la tarea de enseñar.

De manera paralela y trepándose en la ola casi histérica de modificaciones al por mayor, habría que hacer lo pertinente en cuanto a planes de estudio desde preescolar, primaria y secundaria. No se puede decir que no existen diagnósticos y eventuales soluciones. Es cuestión de querer hacer algo por este rubro, nada más.