Los Sonámbulos

Del humor en tiempos de cólera


Mientras en los templos del capitalismo se escucha el científico subterfugio de: "no es el modelo el que falla, lo que pasa es que la economía no funciona", y así buscar justificar las "anomalías del mercado" (depredaciones, recortes presupuestales y suspensión de megaproyectos) el ámbito político vive un choque de pesadillas donde la erosión de la fe ha dado paso a la ingesta de laxantes con sus típicas purgas, así como al uso de filosos cebolleros, todo sin los correspondientes lenitivos.

De un lado, los supuestos "canes insomnes que guardan la hacienda pública", como expresarían los antiguos, no se arredran y se acomodan en el camastro del mitológico bandido Procusto, apretando dientes y gastos ante el hachazo auto-infligido, lo que no les impide distribuir anestésicos electrónicos -televisores- y, en una escena similar a la de la Gran Depresión tras el Crac especulador de 1929, continuar con la apertura de comedores populares.

Esto, mientras el desempleo configura batallones de desesperados, sobre todo entre profesionistas juveniles, y el empleo y el subempleo cuelgan de ganchos salariales de miseria, cuando no de ofertas del crimen organizado.

"¿Hasta cuando se puede seguir en este ir y venir del carajo?", preguntaría García Márquez. "Toda la vida", respondería. Y mientras eso sucede, a la vista se tiene un cuadro para uno de esos lances que permitiría vigorizar el credo reformista-conservador, estableciendo una ley que, rescatando la memoria de los escolásticos, atienda la realidad presente: el derecho a la mendicidad, ese que en los bandos municipales es objeto de sanciones.

Con ello los ortodoxos capitalistas podrían seguirse camuflando como "siervos de los sufrientes" antes de que éstos sean cargados en ataúdes y, de paso, cubrir superficialmente la sucia etiqueta que los exhibe como "abogados de sus propias causas" (ya inmobiliarias o de sociedades más sospechosas que anónimas).

No sobraría que para sellar esa tradición neoliberal por "la ley y el orden" (preventiva para sofocar muestras de indignación) se resuciten viejos postulados para lograr que los prestadores de servicios domésticos "sean más obedientes y gobernables de lo que son actualmente", impidiendo su organización sindical.

Del lado político, las expresiones de los purgadores izquierdistas y de los camorristas armados con cuchillos cebolleros, están más cerca del desprecio y al rencor que siquiera el intento mustio del mutuo reconocimiento.

Parafraseando al legendario comunista ruso Eugene Leviné antes de ser ejecutado, aquí los "muertos no han pedido permiso para ausentarse", mientras antiguos camaradas se solazan groseramente, como diciendo que hay "Pactos" que trascienden acuerdos reformistas y colocan en la antesala de la "victoria" (electoral), de ahí su actitud.