Los Sonámbulos

De grandes cuentos soporíferos

Viejo cuento: nuevo recorte en las estimaciones de crecimiento económico para continuar con la racha invicta de mediocridad. También, lo "innovadoramente" viejo de la nueva democracia, que no cuaja debido al reciclamiento de ofertas y hasta de clanes familiares, todo cubierto por gorros frigios deshilachados.

"Es la baja en los precios del petróleo; no, ahora es la volatilidad de los mercados; re-no: es la falta de productividad", diagnostican los doctores, como si la especulación y el fraude no fueran la epidemia de esta y otras épocas, y la productividad una ilusión con marchantes menesterosos.

Triste transformación: del "preparémonos para administrar la abundancia" se ha pasado al "contentémonos con administrar la miseria", y del "error de diciembre" se ha dado el salto a "los horrores -y recortes- de siempre".

Con sarcasmo no libre de su dosis trágica, Shakespeare apuntaría que la historia no es más que un cuento tedioso, actuado y narrado en vivo por sus idiotas pues el estancamiento económico, encubridor eufemismo de la mediocridad, no ha producido otra cosa que el estancamiento intelectual (dinamismo en silla de ruedas, se ha sugerido).

De nada ha valido asesorarse siquiera con Humpty Dumpty porque al final las palabras, presentadas en distintos tonos y estilos místicos, no provienen de los que "mandan", sino de los que obedecen, por eso han matizado muchas cosas, principalmente, la permanente aniquilación del presente.

Parafraseando al filósofo y economista Alexander Herzen, todo se ha hecho en nombre del "progreso en el futuro", una burla violenta de este radical demócrata para todos aquellos que no ha querido curarse de falsas y nocivas doctrinas, los cuales no atienden al momento, sino sólo a un futuro imaginario, remoto, distante; es decir, es el engaño que lo mismo cabe en liberales moderados y exaltados que en comunistas, socialistas y sectarios, igual que en ese nuevo artificio que, para efectos de procedimientos locales, se presenta bajo el rótulo de "independiente", motivo de fingido asombro.

Sucedió en siglos pasados, como ahora, con la "felicidad futura como ceguera" con cargo a reformas estructurales que, por misterios providenciales y sin truculentos espionajes, siempre resultan lo contrario de lo que se plantean. Así ha sido el libreto de nuestra época.

Lo único palmario de estos cuentos y que no es para amodorrarse, es la tesis de que todo paraíso, a fin de alcanzarlo, requiere de seres sufrientes y mártires. Y si hay algo de sangre, algunos muertos, qué mejor pues así se justifica también el presupuesto para combatir a comadronas irascibles (Marx, dixit), narcos y otros de cultura indeseable, así como para mostrar la fachada de autoridad ante una sociedad más receptiva al timo político que al suspenso: ya sabe lo que va a suceder.