Los Sonámbulos

Los gansos del Presidente

Tan nebulosa como la escena actual, la fecha de la Batalla de Alia la ubican entre los años 390 y 387 a. C y, según se cuenta, Marco Manlio Capitolino, tribuno consular de Roma, fue alertado por unos gansos del inminente ataque de los galos. Apanicados y refugiados en el Capitolio, empero ni las Murallas servianas ni los graznidos evitaron el desastre y el saqueo.

Sustitúyase a los palmípedos por "reformas estructurales" o "decálogo de seguridad", a los graznidos por el dogma capitalista que las impulsa y a los galos (bárbaros migrantes) por especuladores o "inversionistas" y lo que resulta no es un cuadro de leyenda, como el de los heroicos plumíferos, sino la historia reciente de la devastación y el latrocinio, continuada en nuestro país con fe suicida.

Con esos gansos -ni con otros- se ha salvado nadie. Destaca, sí, un curioso talento para crear problemas en vez de resolverlos (Ayotzinapazos bárbaros o Fobaprazos inverecundos) y una tenaz resistencia ante lo irrebatible: el divorcio entre el compromiso y su cumplimiento, la teoría y los hechos y los propósitos y los saldos.

Al modelo del "Corsario Beige" (Renato Leduc), prototipo del político de ayer (y de hoy) con sus palacetes en las Lomas, "leoneros" en Acapulco y "queridas rubias, morenas y entreveradas", se suman los obstinados por el fatum (destino) divino y su fe no tan ingenua en un dios curandero, víctimas de "la maldición del hombre económico", según Schumpeter.

Aquí, las "recetas redentoras" están a cargo de cleromantes (sacerdotes diestros en manipular dados o habas, precursores de la econometría), y de necromantes (adivinadores del futuro, inhumadores de cadáveres en casos emergentes como el actual).

Así se ha podido fusionar a Friedman y Keynes para ir a ningún lado (contrariedad exaltada en el Nobel de Economía del 2013 con Eugene Fama -"la eficiencia del mercado"- y Robert J. Schiller -"La Exuberancia Irracional" (de ese mercado), además de Lars P. Hansen, un empeño por dar a la economía algún asidero empírico, aunque Robert Musil sigue siendo invencible: la razón calculadora es un viejo banquero).

Como se ve, lo malo de las catástrofes, además de sus saldos, es que nadie las toma en serio.

Nota: de la pasada entrega (De fantasmas al mediodía), el economista Javier Ortiz de Montellano dice sobre los 356 mil 818.5 millones de dólares de mexicanos en el extranjero: "la cifra del Banco de México se refiere al acumulado HASTA 2013 y en el año de 2013 fueron 55 mil millones de dólares, cifra no citada en el artículo, muy importante porque explica parte de la falta de crecimiento interno ya que están invirtiendo cada vez más afuera. La catástrofe sería peor si no fueran flujos "lícitos", remarca (cierto).

De esto sólo queda decir, con la debida admiración por delante hacia el bardo, que "hasta el buen Homero dormita alguna vez".