Los Sonámbulos

De los “fantascientíficos” neoliberales

El llamado "mercado de ideas", tanto en política liberal como en el capitalismo, hace tiempo que cedió paso a charlatanes y chamanes. De lo primero no se sabe bien a bien qué cosa es y en el segundo hasta los antes reputados "analistas cuánticos" son objeto de mofa después de un nuevo ciclo devastador del Ogro Salvaje (neoliberalismo), cuyos fieles intentan disfrazar con báculo de optimismo, de pose, la violencia de su vara de hierro.

Si estos términos suenan bíblicos es porque lo son (Revelaciones 2:27; 12:5; 19:15) y porque sólo en esos terrenos, así como en sagas hollywoodenses del espacio interestelar, es donde podrían tener algo de consideración las hipótesis no de una ciencia, sino de algo similar a un tianguis y los silvestres epígonos del estafador "Dr. Merolico"

Con la llegada de aparentes opositores al "libre mercado" al poder público en diversas naciones, se dice ahora, por ejemplo, que ir en contra del libre mercado (neoliberalismo) es ir en contra de la gravedad, aunque el mismo Newton confesó sus limitaciones al respecto, asegurando ser capaz de calcular el movimiento de las estrellas, pero no la locura humana. Así, el "padre" de estos temas científicos expresó su malestar por haber sido víctima de la "burbuja" especulativa de los Mares del Sur (el crack de 1720).

Entonces, una cosa es hablar de la "gravedad" como una ley universal y otra cosa desafiarla porque justo en la vida diaria esa norma obliga a tener las plantas de los pies sobre la tierra, como tendría que suceder tras cada desastre económico, pero...

Algunos estudiosos dicen que físicos, matemáticos, ingenieros y otros han intentado ofrecer algunas alternativas para mejorar los recovecos del mundillo financiero (Wall Street y toda la banca financiera no contratan a economistas, sino a ingenieros y demás) pero el problema es que al final se estimula la irracionalidad, ante la cual un genio como Newton capituló.

También, ahora se dice que hay que voltear al mercado interno, abandonado durante más de tres décadas y que sirvió, entre otras cosas, para crear monopolios que gozaron de la "protección estatal", de la cual dicen estar en contra.

Tratar de apelar a la ciencia para justificar un evangelio devastador es un despropósito más, donde un gigantesco stegosaurus, con un cerebro no mayor al tamaño de una nuez, busca defenderse con su arsenal de placas y púas.

En esa forma, el "fantascientífico" (Antonio J. Antón Fernández dixit, filósofo corrosivo en sus "Crónicas del Neoliberalismo que vino del espacio exterior") no está dispuesto a la autocrítica, menos a rendirse, a pesar de que se le venga el mundo encima, que nuevamente se mostrará plenamente durante el 2017 (esto no es ningún "Cisne Negro", sino parte del ciclo de autoengaños que tras la depredación "mueve" a una supuesta racionalización).