Los Sonámbulos

Del exceso de humor

Los acontecimientos confirman la modernidad milenaria, sostenida a ultranza en las últimas décadas: todos los sistemas dogmáticos sin cimientos empíricos producen una considerable cohesión entre sus discípulos, tal como observó el filósofo Bertrand Russell.

Por eso, unas cuantas metáforas han sido suficientes para sustentar el progreso y configurar el destino del porvenir, acompañadas de los malabares propagandísticos de los sacerdotes del capitalismo y sus secuaces, solemnemente investidos de servidores púbicos.

Como es natural, todo esto va fundamentado por abstracciones que topan siempre con su contrario, a saber: los dogmas de una mano más oscura que invisible, de la eficiente ineficacia del mercado, de la moral inmoral, de la confianza desconfiada, de la masificación de la producción sin beneficiar a la masa, de la desigual igualdad de oportunidades, del equilibrio desequilibrado y, para coronar, el de la holgazanería productiva con los "fondos buitre" como promotores, no de la exacción y el despojo, sino del bien común y el capitalismo filantrópico, etc.

Sucede como en el famoso camarote marxista (por los hermanos Marx, claro) donde todo surrealismo y desatino tiene lugar en espacios muy estrechos, sitio para el humor en exceso, en este caso, mera repetición de consignas.

Parte de ello son las furiosas acometidas contra las exigencias de reducir brecha entre ricos y pobres pues, dicen, nunca faltan espíritus envidiosos y mezquinos, incapaces de apreciar el talento que se oculta, tímido, detrás de la riqueza acumulada.

Invertidos los paradigmas, sumados a impulsos reformistas gatopardianos, esto no ha evitado presentar como épicas batallas nunca celebradas ni derrotas como triunfos gloriosos, extendiendo así certificados al "estadista del año" o al "ministro del año" -y del año pasado también- como parte del culto al dogma, más de la incompetencia y la frustración, que del éxito.

Frente a sus adversarios del estado de bienestar, que también fueron legión, los humoristas actuales no tienen nada que envidiarles.

Empero, con todo lo rancio que supone el modelo de estado intervencionista, el economista surcoreano Han-Joon Chang, critico del neoliberalismo, difunde el dato de que en nuestro país, durante la llamada "época del proteccionismo" y el estado paternalista, que comprende las décadas de los años 60 y 70, el ingreso per capita fue del 3.1 por ciento, mientras que entre 1985 y 1995, el período que inauguró la liberalización económica, fue del 0.1 por ciento.

Y con humor despiadado, el investigador asiático dice que en el lapso 1995-2002, ya con el pretendido paraíso impulsado por el Tratado de Libre Comercio, ese indicador creció 1.8 por ciento.

Esto no es humor negro, del tipo Díaz Ordaz, sino preocupante ironía por su esencia extrema.