Los Sonámbulos

De estigmas y depredadores


De los estigmas atribuidos a San Francisco de Asís a los imputados a Marcial Maciel Degollado, hay varios mundos de distancia. Uno debe entenderse desde el ámbito religioso, con sus heridas y marcas que, según la iconografía cristiana, le infligieron a Jesús durante su crucifixión, y otro desde el espacio sociológico, con esa carga peyorativa de desaprobación.

Igual pasa con la metáfora de las místicas extremidades que supuestamente autoregulan el capitalismo que, perogrullo, topan siempre con la irracionalidad fundamentada.

En pleno vendaval, descubierto después de medio siglo de actuar en la penumbra, cuando Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) lo "invitó" al retiro y a la meditación, su coro de Legionarios lo llamó "imitador de Cristo", es decir, un sufriente, un mártir de la calamidad.

Por ese fanatismo equiparable a los zombis que siguieron (y siguen todavía) a Stalin o a Hitler, el investigador de la UNAM, Fernando M. González, lanzó una de esas preguntas difíciles de contestar: ¿cómo reconfigurar una institución basada en la idealización y sacralización de su fundador, el cual institucionalizó el arte de la mentira y la violencia pederasta? ("Marcial Maciel, Los Legionarios de Cristo, testimonios y documentos inéditos", Tusquets, p. 428).

Por intentos la cosa no para, pero conforme pasa el tiempo más aumentan las huellas. Cuestión de ver que ante un nuevo empeño, con la figura del otrora "ejemplo de la juventud" hecha añicos para buscar recuperar credibilidad, la Organización de Naciones Unidas (ONU) salió en duro safari a cazar depredadores sexuales, yendo más allá de la simple amonestación contra la jerarquía vaticana.

El origen de un documento tan contundente y acusador como el de la ONU, sigue estando en el silencio y en la ausencia de modificaciones sustanciales a los cánones que obligan al silencio. De nada vale pedir perdón si se continúa por el mismo camino. No les creen.

Pasa como las calificadoras que luego de haber afirmado "la solidez de los fundamentos" de la economía, vieron cómo éstos se hicieron trizas tras la debacle de las hipotecas Subprime y, pese a ello, siguen otorgando pronósticos y certificados no tan honoríficos como interesados, tipo "Ministro del año", para que las naciones contraten deudas.

Están igual, si no es que peor, que las firmas encuestadoras antes, durante y después del proceso presidencial del 2012, cuya timidez actual no las alivia del estigma.

Aprovechando que la ONU ha cargado la escopeta y salido a las amplísimas sabanas a la caza de depredadores, sexuales en el caso religioso, bien haría también en apuntar su carabina hacia esa fauna de la economía financiera, igualmente inmoral, que actúa no tan en la oscuridad como en la impunidad, amparada también en cánones místicos para perpetrar fraudes y otros crímenes.