Los Sonámbulos

De empresarios del crimen

Apegados a las versiones oficiales y oficiosas, es de suponer que algunos bandidos que gozan de cierta popularidad son víctimas de una maldición chocarrera pues su "caída" ha estado lejos de la "vida" que se impusieron. Así, al famoso José de Jesús Negrete Medina, llamado el "Tigre de Santa Julia", lo alcanzó la justicia justo cuando defecada, mientras que a Joaquín Guzmán Loera, "El Chapo", lo agarraron durmiendo..., dicen.

Pues bien, como a los Beatles cuando se subieron al tejado en compañía de Billy Preston, esperando más acción por parte de la policía frente a una transgresión a las buenas costumbres, cunde algo de decepción.

Se entiende que al legendario matón de Guanajuato lo hayan aprehendido entre nopaleras y magueyales pues en su tiempo, a finales del siglo XIX y principios del XX, la infraestructura sanitaria era ínfima y, además, eso de andar con una nube de matones alrededor para ir a evacuar sería producto de un delirio globalizador, muy moderno.

Pero extraña que al de Baridaguato, Sinaloa, lo hayan aprehendido con la almohada en la cara y sin el fortín de sicarios que, según se afirmaba, lo mantenía a resguardo.

Al margen del paralelismo anecdótico entre esos matones, los festejos de la captura del ex fugado se han visto un tanto empañados por la hemorragia prevaleciente que inhibe un trompeteo mayor, pero más por las expresiones de adhesión de las bases "chapistas", muestra del modelo de sociedad imperante, incubado a partir del surgimiento de los empresarios del crimen, rivales del Ogro Filantrópico, de Paz.

Esto ha espantado a muchos pero, bien mirado, casi todos los hombres Forbes no se dedican a otra cosa que a mostrar su perfil altruista y en este caso, los integrantes de las "fuerzas vivas" del narcotráfico, todos los favorecidos, sicarios o no, creyeron preferible ser objeto de condenas sociales antes que pasar por unos malagradecidos. Eso nunca.

Si alguien espera que este acontecimiento sea más que un calambre para la industria criminal, debe recordar que por décadas y pese a la captura de otros capos igual o quizás más célebres, ese sector de la economía no sólo no fue devastado, sino que se fortaleció.

Hans M. Enzensberger refiere episodios de insólita conversión como el de los Pascualones y los Espositos ("La Balada de Al Capone, Mafia y Capitalismo", errata nature, p. 84) mafiosos que "guardaron sus ametralladoras en el desván, se hicieron confeccionar trajes a la medida... se convirtieron en hombres de negocios y se dedicaron a la rama floreciente del comercio que les ofrecía Nápoles: la venta de frutas y verduras".

Enzensberger recuerda a Bertolt Brecht cuando éste cuestiona si pacíficos comerciantes de hortalizas podrían vender en paz sin estar debidamente protegidos por... bandas criminales.