Los Sonámbulos

Del efecto manada (la vil fuga)


De tanto invocar al demonio, sin duda éste, como sucede con las corridas de toros, alista la cornamenta para embestir. En economía, más que una etapa cíclica, la pamplonada es cínica y, como hizo Pablo de Tarso ante los judíos para salvar la vida, opta por esconder su verdadera naturaleza y, principalmente, su fe.

El ahora santo "mintió por economía", justificó el cardenal John Henry Newman, un espíritu converso, de arrastre (Chesterton es ejemplo), que bien pudo sugerir el uso de mentiras "sólo como un médico para el bien de sus pacientes" (citado por Marc Shell, "La Economía de la Literatura", Breviarios, Fondo de Cultura Económica, p. 214).

Pues bien, más que tener la llave de la despensa en el adecuado manejo de los recursos y los bienes, de lo que se trata en la economía vigente es de convertirse en un capacitado administrador de mentiras o, dicho de otra forma, de las "no verdades".

La última que campanudamente la propaganda neoliberal quiere hacer tragar es que el "éxodo de capitales", que ya comenzó a poner a bailar a las economías de mediocre crecimiento pero llamadas eufemísticamente "emergentes", obliga a las naciones llevar a cabo reformas profundas. Y listo.

La receta la propuso el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), como bien lo pudo hacer el FMI, el G-20, la OCDE, Greenspan, Slim, Carstens, etc., esto es, que el medicamento sirve igual si es de patente que de alguna botarga fraudulentamente bonachona.

Pero todas las evidencias marcan que el "éxodo de capitales" -vil fuga- no obedece a la falta de espacios para la inversión sino a la misma esencia que impulsa su condición errabunda; es decir, que el dinero va en busca de más dinero, no de producción de bienes ni de nada.

Lo que se está viendo es, pues, el típico efecto manada, el periplo cínico de la especulación bajo un estilizado remoquete, que va siempre donde hay mejores rendimientos sin haber producido otra cosa que una devastación de las economías, el saqueo acostumbrado.

¿Se requieren reformas profundas? No. El término "reformas", sobado recurso de las causas conservadoras, tendría que sustituirse por el de "revolución", lo cual impone una modificación sustancial en las reglas. Y esto es a lo que le rehuye el modelo económico actual.

Hay que imaginar que a un economista conservador le sucede lo que al cardenal Newman o a Pablo de Tarso, en este caso, no en el sentido de que deba "mentir por economía", sino caerse del caballo y "convertirse". Otro gallo anunciaría el amanecer.

Una revolución económica sería el establecimiento de un impuesto a esos capitales golondrinos, conteniendo de algún modo su libertina circulación, pero los "administradores de mentiras", igual que los "gerentes", ya han dado muestras de que lo suyo es fomentarlos y encubrirlos, embalsamados en su esqueleto reformador.