Los Sonámbulos

La economía del 0-0

Un poco de catarsis social y política con las gradas como diván no va mal en tiempos de angustia, de ahí que las roscas entre México y Brasil han servido para animar un tanto al cadáver, recrear "atajadas del siglo" estilo Pelé contra Gordon Banks, y también para crear densas nubes de humo sobre el retrato de dos gobiernos que han puesto en 11 pares de botas su devenir histórico.

Pero, como en las cascaritas callejeras, nunca falta la zancadilla traicionera, y eso fue la noticia de que Estados Unidos recortó la estimaciones del crecimiento de su economía para este año, de un 2.8 por ciento a 2.3 por ciento.

Esto quiere decir, primero, que habrá que contratar a otra revista para inventar un nuevo título honorífico que corone la testa del titular de Hacienda pues el de "ministro del año" pronto terminó en puro cotilleo.

Y segundo, que ni Luis Videgaray ni Agustín Carstens tienen nada qué hacer frente a chamanes, cartomancianos y otros horoscoperos que siguen invictos frente a la necedad doctrinal, aplicada lo mismo con el barniz de izquierda que de derecha.

Lo dicen los personajes de la novela "Fabián", de Erich Kastner, entre ellos seres que ostentaban una supuesta sapiencia en lides financieras:

"Esta gente, sea que lleguen por la derecha o por la izquierda, quieren curar el envenenamiento de la sangre, arrancándole de un golpe la cabeza al paciente. No cabe duda que el envenenamiento dejará de existir, pero también el paciente, lo que significa ir demasiado lejos con la terapeútica".

"Soy economista y les aseguro: ¡querer resolver económicamente la crisis actual, sin una previa renovación espiritual, es puro charlatanismo!" (Siglo Veinte, p. 32)

Da igual entonces el capitalismo populista que el depredador, donde éste se disfraza de aquél y aquél de éste, en manchincuepas calculadas para hacer frente a las "contingencias sociales" y al encabritamiento ciudadano.

Por eso, el 0-0 de los equipos no pudo ser más acertado, prueba de la falta de renovación de la que habla Kastner y de los resultados de las economías respectivas o, para decirlo mejor, del pésimo y mal intencionado desempeño de empresarios, banqueros, inversionistas y otros especuladores que son una cosa y la misma en casi todos los casos, y que tienen por el cuello -como simple oficialía de partes- al poder público, cualquiera que sea su color.

Al menos esto es así en nuestro país, por eso con todo y alternancia variopinta ha imperado la promesa insincera, el charlatanismo investido en tiempos electorales de una democracia que, cuando no es despensera, es generosa distribuidora de tarjetas y sacos de cemento... con cargo al erario púbico.

Empero, el 0-0 de la realidad, estampa de una generación fracasada, lo quieren vender, por enésima vez, como el inicio de tiempos largamente prometidos. Tanto allá como aquí.