Los Sonámbulos

Los desterrados del neoliberalismo

La plaga nazi-hitleriana que asoló a Europa antes y durante la Segunda Guerra Mundial, provocó que unas cincuenta millones de personas fueran deportadas, exiliadas o expulsadas. A ocho millones se les obligó a trabajar en los campos de concentración nazi.

Se vivía la "efectiva y dinamizadora" era fascista de Hitler y Mussolini quien, para beneplácito de sus nublados seguidores, consiguió "que los trenes circularan con puntualidad", según anota con sarcasmo el profesor Eric Hobsbawm (Historia del Siglo XX, p. 130).

Actualmente, sin epidemias bélicas pero ideológicamente devastadoras, en el mundo hay unos 200 millones de seres que enfrentan situaciones semejantes, según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). No son deportados, exiliados o expulsados, pero como si lo fueran. Y 48 por ciento son mujeres.

En congresos y encuentros multilaterales los bienpensantes les llaman "migrantes" o "los sin papeles", y el fenómeno es envuelto en una jerga técnica casi rosa: es la "movilidad mundial", donde lo que se busca es enfrentar las consecuencias y no las causas.

Por eso, unos se conforman con proponer medidas piadosas, mientras otros, más francos (o cínicos), sugieren los recetarios que llevaron a dividir a Alemania, es decir, levantar muros y así configurar nuevos guetos.

Conforme al discurso neoliberal, se trata de la apología de una vida nómada, aventurera, encarnación del moderno vagabundos que, en el caso mexicano, ha logrado sobreponerse al "Síndrome del Jamaicón Villegas" y ahora es capaz de valorar a su tierra y amarla desde otra nación.

No faltará los que intenten describir la situación como una nueva modalidad de "turismo laboral" no exenta de adrenalina (enfrentamientos con policías fronterizos armados con toletes, salto de barricadas, gases lacrimógenos, etc.) o "movilidad de excedentes de mano de obra", todo como parte del inevitable "happy end" de la historia.

No obstante, desde hace mucho Jonathan Swift dejó en claro de qué se trata: son desterrados, no en términos de mandato judicial, sino por estricta consecuencia neoliberal. Swift hizo la distinción: "Hay destierro económico y destierro espiritual", donde en el primer caso trata de seres que abandonaron su país en busca de pan y en el otro del alimento interno para lograr que su país siguiera viviendo.

Con Porfirio Díaz el término "destierro" adquirió rango de salvación (era eso, encierro o entierro), y tal vez por eso para 2013 en Estados Unidos residían 11.8 millones de mexicanos.

En 1970 la población mexicana en el país vecino era de casi un millón pero por una cruel ironía, mientras el discurso oficial de las tres últimas décadas neoliberales no ha dejado de anunciar la llegada al edén, justo de 1980 al año 2000 (la era del cambio de rumbo y de los pasos a la modernidad y otros) se constituyó la etapa de mayor flujo de desterrados de la economía. Y lo que falta.