Los Sonámbulos

Sobre el desprestigio de la ficción

Asegura el Nobel Mario Vargas Llosa que sin la ficción "seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión". La literatura, considera, es una especie de sueño que permite la belleza y la felicidad, "alerta contra la opresión", y elogia a los fabuladores por inventar historias que "propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho...".

Mucho hay de cierto en esas líneas y en otras más que leyó con motivo de su premio en Estocolmo (2010), pero algo ha estado sucediendo en los espacios de la simulación de la realidad y sus monstruos de la imaginería y la prosa (llamados genios), que de unos años a la fecha es la realidad, o algo parecido a ella, lo que genera insatisfacciones, a pesar de que no cesa el suministro de somníferos.

Se ha hecho ver, con pronunciamientos, artículos y otros, que científicos sociales y económicos y una recua de opinantes desafían la ambigüedad y ocurrencias del Mono Adivino del "maese Pedro" (Cervantes, en el Quijote), con sus cotidianos viajes a su muy peculiar Cueva de Montesinos.

Por ejemplo, haciendo caso de la economista Joan Robinson, "keynesiana de izquierdas" según su confesión, se incursionaba en esa materia no con el "propósito de adquirir un conjunto de respuestas prefabricadas a las cuestiones económicas, sino aprender cómo evitar ser engañado por los economistas". Las cosas han ido más lejos:

La pujanza de la economía nacional y su brillo en este más que prometedor 2016 (se supone que debido al empeño de los mejores, agrupados en el célebre "1 por ciento") es posible en medio tijeretazos presupuestales, desperdicio de miles de millones de dólares de reservas, especulaciones, corrupción y más, cabalgando a la par de sueldos deprimidos (y deprimentes) el aumento de la pobreza y niebla más densa.

Todo esto supera las hazañas de la "Sociedad del Calzado Muerto", de Chesterton ("una comunidad aparentemente inmoral, pero que tenía sus oscuras razones de existencia", dijo) y a todo su "Club de los Negocios Raros", donde la innovación consiste en crear seguros no contra incendios, sino contra mordeduras de perros rabiosos, garantizando pantalones nuevos .

Igual pasa en el campo político donde la mentira, antes motivo de tratados, ahora apenas interesa, tal vez por la velocidad de la información que al minuto la descubre.

Quien dijo que ser progresista significa hacer de lo sencillo algo complejo era un conservador (Herbert Spencer), lo que explica que la gente y los buenos amigos tomen distancia de la literatura, optando por la lectura de ensayos en busca de inspiración. Perogrullada: la ficción atraviesa por una crisis de credibilidad al ser despojada de su principal fundamento: la ficción.