Los Sonámbulos

Contra la “despensocracia”

Este país es realmente para dar miedo. Una temporada de zombis tan ilustrativa del capitalismo actual como la presente no se da a diario: todos los poderes públicos (utilizo estos términos en contra de mi voluntad, suena hasta grosero dados los acontecimientos, pero de alguna manera hay que llamarlos) han dejado constancia de inclinar la cerviz frente a los poderes reales.

Así, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, seguida de la cantaleta enmascaradora de los dirigentes partidarios, tuvo la última palabra: "no" a las consultas sobre la reforma energética y los salarios mínimos. Punto. La ley humana llevada a planos evangélicos, definitivos.

Curiosa interpretación de las restricciones constitucionales pues justo lo que otorga relevancia a la Reforma Energética es que va contra los ingresos del Estado. Ya lo hemos visto en otras épocas. La historia ofrece muchas lecciones y ahí están las que se dieron durante el porfiriato y las dos décadas posteriores.

Y lo vamos a volver a ver porque nada supone que los depredadores de ayer se hayan vuelto santos. El peor ejemplo de que los "muertos" están vivos y prestos a morder es el de la especulación financiera, práctica milenaria que volvió por sus fueros hace seis años y que está más viva que nunca, apuntando en la sien a sus representantes investidos de representantes populares (otra grosería, pero en fin...)

¿Qué viene entonces en términos de participación ciudadana si al final el aparato judicial se ha mostrado como defensor del capitalismo del estancamiento perpetuo y empobrecedor?

Lo que queda ahora es la "despensocracia", una suerte de modelo "compensador del infortunio social", por no decir miseria, cumplidamente pagado con la hacienda pública y envuelto en toda clase de nombres de programas asistenciales, ejecutado con mayor intensidad en tiempos electorales, repartiendo despensas, cemento, láminas, etc., y prometiendo paraísos ilusorios.

Por desgracia y debido a la situación generada por la mediocridad, al modelito despensócrata no le faltarán militantes, así como no le han faltado promotores. Ya se verá en la confección del presupuesto del gobierno federal para el año próximo.

"Mala hora para votar", dice Saramago al inicio del "Ensayo sobre la Lucidez". Pues sí, otra vez, y no debido a fenómenos meteorológicos, a una intensa lluvia, sino a la pobreza política y económica que ha aniquilado todo intento de mejora institucional y democrática en el país.

No será la primera vez que el autor de este espacio se muestre partidario del "voto blanco" como una forma de rechazar esta malísima representación democrática, con los poderes públicos sometidos e infiltrados, sin nada qué ofrecer a los ciudadanos (ni salarios dignos ni voz para expresarse en torno de asuntos de interés nacional).