Los Sonámbulos

Del combate a la “riqueza”

Después de tanto tiempo de empeños franciscanos, incluso de haber elevado plegarias a san Cayetano (el santo de los pobres), los gobiernos han topado, como el viejo caballero andante, con lo irrealizable de su utopía, esa gran empresa llamada de mil modos y encaminada, según dicen, a combatir la pobreza.

Es tiempo entonces de abandonar parcialmente esa misión para intentar, a riesgo de caer en otras quimeras y nuevamente dar pasos con sandalias, con otros "fundamentos" (después de todo, algunos filósofos afirman que la huida de la realidad es la mejor garantía de su reconocimiento)

Hay que volver, pues, a los viejos principios de "causa-efecto", esos que Leibniz (sí, el mismo que concibió la vida en "el mejor de los mundos posibles" e involuntariamente engendró al cáustico doctor Pangloss, de Voltaire) formuló como el "principio de razón suficiente", esto es, explicar la causa de lo que existe.

Explorando poco, en el tema de la "desigualdad" las causas no parecen conectar con la nutrida militancia del partido de la holgazanería -voluntaria o forzada- ni en la sinecura estatal, la peor pesadilla para el espíritu creador y productivo, según la ortodoxia.

Quizás ayude saber que, según un reporte del Boston Consulting Group (BCG), el patrimonio privado financiero -beneficiario de cracks especulativos como el del 2008- se incrementó 7.8 en el 2012, colocándose en 135.5 billones de dólares, 1.6 veces más que el total del PIB mundial.

Y eso no es lo peor: la consultora ha proyectado que la riqueza de las familias en poder de entre los 5 y los 100 millones de dólares, crecerá 8 por ciento anual en el lapso 2013-2018, y que la de los ultraricos (más de 100 millones de dólares) el 9.2 por ciento cada año.

Si mal les va, para el 2017 esas fortunas acumularían las suficientes ganancias para pagar la deuda de toda la Zona Euro, que ronda el 85 por ciento del PIB (unos 10 billones 920 mil euros), según la Eurostat (Oficina de Estadística Comunitaria)

Es esta economía, la de los que "se hacen ricos mientras duermen" (J. Stuart Mill), la que las corrientes intelectuales económicas de moda y hasta las religiosas critican en forma matizada para evitar acusaciones clásicas: son marxistas, promotores de la profecía: "llegó la hora....el expropiador es expropiado" -enunciado aterrador para el dogma vigente, a pesar de sus exacciones al erario público vía especulaciones y fraudes-

En vez de eso, se habla del capitalismo centenario o del modelo económico que "alimenta la cultura del "descarte" (Jorge M. Bergoglio, Papa Francisco), dejando a jóvenes y a ancianos fuera de toda distribución.

En otras palabras y parafraseando a G. Bataille, no es la pobreza, sino la "riqueza" -la no productiva- la que plantea los problemas fundamentales de nuestro tiempo ("La Parte Maldita", Las Cuarenta, p. 21)