Los Sonámbulos

Bolsillo social: sumandos y sustraendos

Economía e inseguridad, o inseguridad y economía. Como sea, dícese que la suma de los factores no altera el producto. Pero en el ámbito social y ante el ambiente público y privado, los "sumandos" se metamorfosean en "sustraendos" que, multiplicados cotidianamente por vía del "asalto oficial" y el "asalto criminal", da como resultado, primero, el entenebrecimiento de la vida pública y, segundo y más grave, el empobrecimiento crónico de los ciudadanos, una sociedad cada vez más impecune (sin dinero y casi sin bienes).

Esto altera el supuesto básico de la propiedad conmutativa con cualquier llamado a la suma o multiplicación de simpatías (la gente se encabrona, pues).

La diferencia entre el"asalto oficial" y el "asalto criminal" resalta en los saldos que acompañan la creciente frustración y desmoralización: en el 2015 el costo por la inseguridad y el delito en hogares de México fue de 236 mil 800 millones de pesos, equivalente a 1.25% del PIB. (29 millones 300 mil delitos del fuero común, según INEGI, con 23 millones 300 mil ciudadanos afectados, cada uno de los cuales perdió unos 5 mil 905 pesos entre robos, asaltos en la calle o en el transporte público y extorsión). Es el monto más elevado desde 2012, según cifras de finales de 2016.

Aunque es una cantidad grande, en nada se compara con los 100 mil millones de pesos diarios que, según investiga la Comisión Federal de Competencia Económica, manipulan (especulan) participantes de sector financiero (bancos, casas de bolsa, etc.) previos acuerdos, con instrumentos de los tres niveles de gobierno y otras dependencias (esto sí es un cártel, dicho en el más amplio sentido económico-gangsteril).

Esto explica parte de la devaluación. Y por si no bastara, se suma al pago de intereses (609 mil millones este año) de la deuda, que significa ya 58.1% del PIB y recortes presupuestales que impactan programas sociales y creación de infraestructura y empleos.

Solo la corrupción compite (no por casualidad) y supera la hemorragia presupuestal para pagar intereses: en 2015 costó 906 mil millones de pesos, casi 5 por ciento del PIB de ese año.

Cierto, en materia de seguridad los dispositivos han sido dinamitados pero, para efectos de maquillaje neoliberal, hay que mostrar propagandísticamente al "coco" (una imagen violenta impacta más, sin duda) antes que abordar el sistemático ataque a los bolsillos de la gente por otras vías.

Lo mismo se simula en el campo político, sobre todo en tiempos electorales de necesaria liquidez para abonar al futuro reparto de dádivas (lo menos que hace falta es ahuyentar a patrocinadores, próximos socios o perder el empleo).

A la carnicería financiera, que mantiene postrada la actividad productiva y sangrante al presupuesto, hay que agregar el festín diario del crimen común y el organizado pero como una evidencia más del profundo hueco oficial, antes que como cortina encubridora.