Los Sonámbulos

El bien y el mal en la alcoba

Sólo con la mirada del filósofo Heráclito se entendería la entrega del premio Nobel de Economía 2013. Posiciones tan encontradas en feliz unidad confirman la doctrina de la identidad de los opuestos del efesino: “todo está lleno de almas y demonios”. El bien y el mal se acuestan juntos, pues.

Que una teoría que sostiene la racionalidad de los mercados comparta el premio con otra que afirma lo irracional de los mismos, indica únicamente que en economía “lo divergente concuerda consigo mismo”,demostrando “la armonía resultante de tensiones opuestas”.

Así es que Eugene Fama,creador de la Hipótesis de la Eficiencia de los Mercados (lo racional) y que forma parte del dogma del capitalismo libertino, fue galardonado junto con el econometrista Lars Peter Hansen, pero también con Robert Schiller, quien afirma todo lo contrario de aquél (lo irracional de la economía).

Con esto Marx tranquilamente pasaría por un alto directivo de Wall Street y proclamaría: “!Especuladores del mundo, uníos!”, y Ayn Rand otorgaría certificados de heroismo al proletariado, atlas cargando al mundo.

Fama está considerado como uno de los baluartes de la escuela de Chicago, del neoliberal Milton Friedman, y Schiller representante de la escuela opuesta, cercana a la sicología económica que hay que rastrear desde George Simmel y Gabriel Tarde, pasando por John M. Keynes, John K. Galbraith,Hyman Minsky y varios más.

Todos ellos han probado, en particular Minsky,lo irracional de una fauna especuladora que opera bajo el eufemismo de “inversionistas” (banqueros, empresarios, etc.).

Los títulos de algunos trabajos de Schiller resumen su perfil: “Exuberancia irracional”, “Animal Spirits” (en co-autoría con George A.

Akerlof, Nobel de Economía 2001) y “El estallido de la burbuja”, este último en relación con las consecuencias vigentes de la especulación devastadora.

“Fama ha dicho algunas tonterías, pero su teoría inicial, que Schiller refutó, merece el Nobel”, escribió el Nobel Paul Krugman en su página web.

En efecto, nada mejor que los “mercados”, mundillo financiero de riqueza improductiva, observasen lo que Fama supone: una actitud racional.

Pero ello sólo ha sido posible mediante la regulación efectiva, algo que fue derrengando tras el “Crac del 29”, con todo y Ley Glass-Steagall de 1933, la cual terminó de evaporarse durante las décadas de los años 70 y 80.