Los Sonámbulos

La banca en zona de confort

Hace años que se escucha que la banca mantiene un cuello de botella en el crédito. Es "normal". Lo suyo no es eso, sino obtener ganancias a costos menores, ajustándose al canon bíblico del mercado neoliberal.

Con mayor énfasis, ello ha sido así después del fobaprazo Salinas-Zedillo de 1994, que hora se llama IPAB, y de que la banca pasó a manos extranjeras luego de que los "buenos muchachos" se autoprestaron, especularon y, total, dejaron al país sumido en la peor de las crisis, misma que todavía se sigue pagando.

Pues bien, con algunas variaciones, desde entonces ese sector ha vivido en una zona de confort, allegándose fondos mediante los pagos del gobierno para cubrir ese fraude, y contentándose con cobrar altísimos intereses a una nutrida lista de tarjetahabientes y otros necesitados y despistados.

Los dirigentes bancarios podrían alegar que los ciclos de la economía han sido una monserga para sus nada bondadosas actividades, de la misma forma que los israelíes negarían sus prejuicios detrás del genocidio contra los palestinos, y de que los legisladores y el gobierno capitalino rechazarían lo bestial de su ley que prohibe el uso de animales en los circos.

El caso es que la banca que opera en nuestro país no cumple con una de sus tareas principales, y sus representantes o voceros salen con el cuento de que el comportamiento del capitalismo de Estados Unidos ha resultado poco menos que una calamidad, como si desde allá estuvieron reclamándoles créditos (la situación no está para patochadas, pero estas abundan en el discurso público y privado cuando de política y de economía se trata).

Con esta clase de salidas, dignas de cualquier vialidad capitalina o del Estado de México, se ha querido escurrir el bulto, pero ya se sabe que los créditos otorgados por la banca constituyen apenas el 28 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), y que están lejos del 50 por ciento que se promedia en naciones del Continente Americano.

Por ejemplo, Brasil, con todo y su vapuleada economía (igual que su seleccionado nacional) anda por encima del 80 por ciento, igual Chile, otro país igualmente azotado por la peste del neoliberalismo con Bachelet y otros.

Es decir, que con todo y la flamante reforma financiera, impulsada, aprobada y cacareada como la panacea y casi un veneno mortífero por necesidad contra todas las plagas del estancamiento estabilizador, la banca sigue igual que desde hace casi dos décadas.

"Nos gustaría dar más crédito pero... el ciclo, el ciclo", dicen los dirigentes de la banca.

Que se jodan entonces industriales, productores éstos de bienes y servicios, igual los empresarios de alimentos y otros.

Ante esto, el gobierno federal, los responsables de que esto supuestamente se mueva, sólo atinan a establecer sueños deseados en calidad de metas: al final de la administración -2018- se logrará que el crédito se incremente hasta el 40 por ciento del PIB.

Eso sí, el aparato vigilante de la finanzas se expande y, también hay que decirlo, reduce más suutilidad práctica porque, con todo esto, quién va a creer que con un nuevo Buró de Entidades Financieras se promoverá la competencia con la simple difusión de información en cuanto a tarjetas de crédito, seguros, afores, si lo que prevalece en el país es un cártel bancario que ha resistido toda clase de quejas en cuanto a la usura que no practica cada cual en su nación de origen, pero aquí se da vuelo homologando lo que se pueda homologar.