Los Sonámbulos

Del arbitrista del Siglo XXI

Si todos los presagios de los organismos financieros internacionales, derivados de la situación evidente, se toman incluso con cautela, se tendrá que conceder que los dueños de hilarantes distintivos honoríficos tienen razón: reformar no es hacer magia.

Quizás estuvo de más explicar que reformar significa "cambiar a profundidad los fundamentos" (¡aahh!) pues esto suena a truco gastado del doctor Rafael Juan de Meraulyock (cuyo apellido se honra en tianguis y en casinos casabolseros bajo el muy mexicano término de "merolico").

El caso es que tal "profundidad" sólo va a alcanzar, durante los próximos cuatro años, para lograr crecimientos económicos similares a los mediocremente acostumbrados en las últimas décadas (y eso, dependiendo de lo que haga o deje de hacer Estados Unidos y de la elevación de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal, anticipo de sangría de reservas millonarias en dólares ante la falta de controles contra la especulación)

Advertidos de que el mundo corre el riesgo de un ´"ébola financiero", según el extemporáneo diagnóstico del médico fondomonetarista que ha observado al paciente desde el 2008, empero las vacunas correspondientes (más reformas) parecen provenir de los "arbitristas" del Siglo XVII que Miguel de Cervantes, al referirse a las "razones de Estado y modos de gobierno", satirizó mediante su legendario caballero andante y un coloquio entre los perros Cipión y Berganza.

Respetables al principio, los "arbitristas" (consejeros) degeneraron en "gente perdida" (semejante a los actuales gurús, ministros de hacienda y algunos economistas teologales) porque "...tiene mostrado la experiencia que todos o los más arbitrios que se dan a su Majestad o son imposibles o disparatados o en daño del rey o del reino" (Don Quijote de la Mancha, segunda parte, capítulo I, p. 551, edición del IV Centenario).

Bien mirado, resulta un plagio neoliberal la receta cervantina de obligar a los vasallos a ayunar "una vez en el mes a pan y agua", y que ese día de ayuno, "todo el gasto en otros condumios de fruta, carne y pescado, vino, huevos y legumbres... se reduzca a dinero y se dé a su Majestad", todo con el fin de que, en un plazo de 20 años, la autoridad quede libre de "socaliñas y desempeñado" (El Coloquio de los Perros).

En el credo del capitalismo actual, esto sería una "reforma estructural", fundamentalmente profunda, encaminada también a generar ahorro interno, productividad (mucho pan y agua) y, en conexión con el espíritu samaritano de la especulación depredadora, promover que los ayunantes, como buenos cristianos, "agraden al cielo", según el arbitrio quijotesco "limpio de polvo y paja".

En suma, remedios surrealistas para apuros económicos a cargo de modernos arbitristas, con la diferencia de que los consejos mutaron en directrices.