Los Sonámbulos

De amores desgraciados

A las reformas emprendidas por los actores políticos se les ha conferido un cariz casi bíblico. El nuevo Génesis, más modesto y esforzado, no requerirá una semana sino 120 días para levantar a un nuevo país que, obvio, no se verá hasta algunos años de terminado el sexenio, según cautas estimaciones que así conjuran reclamos de frente o, quizás, aplausos y adhesiones tumultuarias, estrategia de modestia extrema.

Como al principio, todo es el caos. Pero la publicidad no oculta el hecho, por ejemplo, de que la reforma educativa sea en realidad una modificación laboral con la cual el régimen intenta someter a la bestia engendrada por él, haciéndose nuevamente del control del aparato burocrático del magisterio. Eso es todo.

Porque al final las pretendidas evaluaciones no van a despojar a los profesores de la etiqueta de lo que Erich Fromm llamó “impartidores burocráticos del conocimiento” (“La Revolución de la Esperanza, hacia un tecnología humanizada”, FCE, p. 117), esto por la simple razón de que los contenidos de la enseñanza, ahí donde la calidad pide a gritos encabezar la lista de prioridades en las modificaciones, simplemente son ignorados.

Fromm, citando a Marx, habla de ese humanismo en la educación que invita a “volverse vulnerable, abierta y responsiva a los intereses de los estudiantes”, evitando la impotencia y la desgracia, como sucede en el amor no correspondido o falsamente predicado.

Esto es, como refiere el pasaje jasídico (segmento místico y ortodoxo de la fe mosaica) del que da cuenta Fromm en esa obra, que los alumnos, desde el jardín de Niños hasta la Universidad, no van a escuchar las grandes y sabias palabras del maestro. No. simplemente van a ver cómo se ata las sandalias.

Pero en el caso de la reforma, lo que ven los estudiantes es cómo los maestros se atan ahora a otra cadena y cómo se deja intocado ese modelo burocrático de instrucción que “harta” de intelectualidad, de grandes libros, llena las mentes, las atiborra de datos, pero no estimula voluntades ni fomenta valores.

Lo avizoró Fromm, alguna vez radicado en nuestro país, desde 1968.

Estudios actuales de organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) lo confirman: lo que hay que transformar es el modelo de profesor a la par de los contenidos educativos, haciendo énfasis en esto último. De lo contrario seguirán los amores desgraciados (ahora entre ciberzombis).