Los Sonámbulos

Una era de almas infartadas

Por esos misterios que suelen darse, quiso la suerte que no perdurara el estajanovismo (por Alekséi Stajánov, modelo "heróico" de productividad laboral -a lo bestia diríase-, promovido por el estalinismo), pero su contraparte, el capitalismo, lo ha sustituido hasta con tiempo extra.

La crónica científica esbozó los síntomas a principios de siglo XXI, que van más allá de los llamados "workaholiks".

La utopía de la realización personal, el aislamiento como vínculo social marcado por la competencia, el empobrecimiento sexual, el escepticismo como "sano realismo", la idealización del cuerpo y el sueño de mantenerlo joven, hedonismo epidérmico; el consumo como centro vital ("tener" es más que "ser", según el enunciado de Fromm); deseos aferrados a valores capitalistas (todo se vende y se compra, pérdida de valores éticos y aumento de conductas corruptas), además de una pasividad que busca comodidad, ligada, paradójicamente, a la compulsividad por hacer varias cosas simultáneamente, etc.

Esto difundió en el año 2000 el psicólogo y doctor en ciencias de la salud Enrique Guinsberg ("La Salud Mental en el Neoliberalismo", Plaza y Valdés) al observar los efectos de ese capitalismo entre la sociedad.

Recientemente, el filósofo coreano Byung-Chul Han ha colocado al fenómeno, en excelentes opúsculos, como una epidemia capitalista, especie de peste neoliberal con sofisticados métodos de seducción, espeso "infartario" de lo urgente y supuestamente productivo.

"Toda época tiene sus enfermedades emblemáticas", dice el pensador en "La Sociedad del Cansancio", y extiende el certificado respectivo: la nuestra no es viral, sino neuronal, donde el ser humano "es verdugo y víctima al mismo tiempo" en aras del rendimiento (p. 30) y la libertad el medio para la explotación humana ("Psicopolítica", Herder, p. 7) con la zanahoria de la "optimización personal", de proyectos y de competencia (p.27).

Un "cansancio a solas" de almas infartadas debido a la estajanoviana búsqueda capitalista del rendimiento, en una sociedad donde ser revolucionario es apelar al derecho a la pereza propuesto por el yerno de Karl Marx, y donde hacerse el "idiota", en términos filosóficos, según Chul Han, constituye el único reducto de resistencia y rebeldía ante la estupidez del consenso neoliberal porque significa estar desligado, desconectado, desinformado; es la figura del hereje moderno de la ortodoxia neoliberal que, valiente, elige, se desvía de ésta y se libera de la coacción (p.64).

Kant (Siglo XVIII) había deslizado un diagnóstico similar: vivimos un exceso de civilización, fuera de toda moral. Y Nietchzsche (Siglo XIX) formuló: "por falta de sosiego nuestra civilización desemboca en una nueva barbarie. En ninguna época se han cotizado más los activos, es decir, los desosegados".