Los Sonámbulos

Vindicar el oficio

De aquí al inicio de las campañas a pie y aire, los partidos políticos estarán obligados a algo más que sólo lavarse la cara, como sucedía previo a una jornada electoral.

Las cosas pintan igual tanto para los rojos como para los colorados, incluso para los descoloridos.

La participación de candidatos independientes podría resultar un acicate para las diez fuerzas políticas que lanzarán a sus abanderados, pero está por verse de dónde saldrán pues con las exigencias en las normas y sin los aparatos para movilizar gente, no se vislumbra más que a algún “espontáneo”.

De cualquier manera, a los eventuales concursos de éstos independientes habrá que saludarlos con gusto y darles la bienvenida, deseando que detrás no vaya a estar alguna fuerza criminal que ande a la caza de apetitos ambiciosos e inescrupulosos, que no sólo hay en los partidos políticos.

Lo que es un hecho es que la actividad política ha venido dando tumbos y  requiere que sus profesionales actúen como tales no sólo por los estipendios respectivos, que son generosos y se corresponden  con la honrada medianía juarista, sino con la gravedad que impone, igual los compromisos que a su amparo se establecen.

La política y quienes la practican, han sufrido dolorosos descalabros. Hoy se les ve como simples fachadas de otros poderes pues su proceder ha sido para beneficiar a éstos y, claro, favorecerse con eso.

Es preciso cambiar la situación, más ahora que las instituciones han sido penetradas por facciones criminales (paréntesis obligado: perdón, pero los descoloridos no son los únicos ni los primeros y anda por ahí toda una caterva de sujetos dispuestos a hacer y deshacer de un país que en otros tiempos contó entre sus filas con personajes que le daban honorabilidad y credibilidad al oficio)

Esa es la tarea de la nueva y no tan nueva hornada de políticos: vindicar su profesión, hacerla no sólo creíble sino devolverle mucho del prestigio perdido en las últimas décadas con personajes que han impulsado, a trancas y barrancas, doctrinas insostenibles, principalmente económicas y primordialmente prevaricadoras.

Esto será vital con la conformación del nuevo congreso federal, desde donde se debe ejercer contrapeso, sin que signifique bloquear, como sucedió en la primera década de este siglo, ni tampoco sumarse, o sumirse, como diría el clásico de la más abyecta tradición sobre las formas del quehacer político.

En algún rincón debe de quedar cierto honor y vergüenza para asumirse como parte de un poder público. En el Estado de México, de entre más de 16 millones de habitantes, seguro algo hay de eso en todos los partidos para renovar 125 alcaldías y el Congreso local.

Es aquí donde dirigencias y militantes deben ir más allá de los perniciosos círculos de facción tradicionales y buscar frescura, renovándose a sí mismos y su quehacer, que hasta ahora ha abonado a un mayor desprestigio.