Los Sonámbulos

Ulises siempre regresa a Ítaca

Salvo en las novelas de García Márquez y en algunas otras, en la actualidad es imposible establecer diferencias respecto de reductos liberales y conservadores. Los intentos por "metamorfosearse", de cambiar la etiqueta al producto con aluviones de anuncios, resulta más bien un ejercicio de terapia diseñado por aquellos que buscan mantener la larga odisea de sueños frustrados que un deseo sincero de modificar las cosas.

En camino de la Tierra Prometida desde que el capitalismo depredador se hizo dogma y dueño de la mal llamada "representación pública", ahí donde el honor y la independencia se toman como una ciega subordinación, el hecho es que el "revolucionario" Ulises siempre regresa a Ítaca.

Sin consensos mínimos entre la gran mayoría de los ciudadanos en relación con el modelo económico, impuesto con una fe propia de misioneros, y sobre la representatividad de los actores políticos y el correspondiente desarrollo social, es complicado que funcione cualquier intento democrático.

Por eso, lo que se ha configurado es, a lo mucho, una democracia "orgánica", corporativa -"despensocrática"-, aunque las evidencias indiquen más bien un esquema plutocrático que se "innova" con eufemismos en busca de legitimidad.

No está lejos el día en que la naciones más pobres y atrasadas, buscando distinguirse del mundo desarrollado, fueron llamadas del "Tercer Mundo", un sello que terminó siendo peyorativo justo por la miseria de sus habitantes y, en la mayoría, con gobiernos plutocráticos, el cual tiene en la expresión "economías emergentes" el ropaje de su renovación.

Es la versión nueva de lo viejo y enmohecido, del "gran salto para adelante" yendo todavía más pa´trás", embarcado, eso sí, en supuestas naves "reformadoras" hasta dejarlo todo "irreconocible", siempre en bien de la sociedad, según el coro.

"La sociedad no existe, solo los individuos", decía en su época de auge teológico la primera ministro británica Margaret Thatcher. Dichos extremos de una realidad también extrema donde el "yo" se ha impuesto sobre el "nosotros", aunque para efectos de propaganda se exprese una ensayada preocupación por el destino de los demás.

En eso consiste el viento que sopla en estos días, sin nada que sugiera cambios de relevancia, menos alguna ligera agitación estructural.

En otros tiempos la politología podía entretenerse jugando al pingo pong ideológico, revelando siniestras conspiraciones de demagogos o líderes chiflados, tanto internos como externos, pues todo cabía en las hipótesis de la paranoia.

Pero todo se ha vuelto tan previsible, ninguna línea es distinta de la otra, que con ganadores o perdedores, al final no pasan de ser ejercicios rehabilitadores.