Los Sonámbulos

Tiempos de insomnes

Como lector de su obra y amparado en eso que suele denominarse como "cuestión de gustos" - un atajo para intentar acolchonar cualquier disputa-, su trabajo menor fue "Memoria de mis putas tristes" y, por contra, el más excelso, ni duda cabe, "Cien años de soledad".

Los delirios otoñales son el extremo de una mente que llevó hasta lo más alto el realismo mágico -inspirado en William Faulkner-, pasando por la memorización, que solía presumir, del "Pedro Páramo" de Juan Rulfo, otro texto poblado de seres espectrales, mucho más que los insomnes infectos de Macondo.

Como otras voluntades dotadas de cierto genio, Gabriel García Márquez iluminó la literatura y la labor del periodista, fuente permanente de enseñanza, al tiempo de oscurecerse con sus inclinaciones políticas, motivo de reprimendas públicas por parte de otros pesos pesados de las letras.

En este ámbito, no fue el primero ni ha sido el último, lo cual, más que justificación o consuelo, plantea más interrogantes sobre la responsabilidad del intelectual frente a su entorno social, político y económico.

García Márquez se suma así al amplio elenco de personajes del mundillo intelectual que, al tiempo que deslumbraron con su obra, no ocultaron la silueta por preferencias o simpatías ideológicas deformadas o algo poco menos que detestables.

Ya Octavio Paz y Susan Sontag se encargaron de amonestar el "castrismo" -por Fidel castro- de Gabo, igual el estalinismo de Pablo Neruda, como otros lo hicieron en su oportunidad contra las adhesiones a las peores causas políticas por parte de filósofos como Martin Heidegger o Ernst Jünger, o el novelista y Nobel de literatura Knut Hamsun, extendiendo dedicatorias en sus obras "Al Fürher nacional Adolf Hitler", como fue con Jünger en su "Sangre y Fuego".

A la fecha nadie explica el almuerzo complaciente de Ernesto Sábato y Jorge Luis Borges con el dictador Rafael Videla.

En el sentido estrictamente político, García Márquez pareció emular a uno de sus personajes del poblado de Macondo flagelado por la peste del insomnio, donde el ser humano llegó incluso a borrar su conciencia, además de la noción de las cosas y la identidad de las personas.

No era lo mismo cargarla contra la Real Academia -blanco de la chunga ilustrada de Raúl Prieto, Nikito Nipongo- que contra los ejecutadores de las peores políticas públicas al frente de países - y subrayo "ejecutadores", que no diseñadores, en referencia a la situación actual-.

Durante los últimos años ha sido palpable el vacío intelectual frente a problemas que azotan al mundo, como la economía. El vacío se torna ahora en silencio sepulcral, una suerte de peste de insomnio con sus estirpes que, concluiría García Márquez, están condenadas, motu proprio, a décadas de soledad, procurándose no una segunda oportunidad sobre la tierra, sino sólo justificarse.