Los Sonámbulos

De la Tercera Edad ovidiana

Mientras en economía el país se inunda de señales de "recuperación" (parte del guión de alguna oscura zaga galáctica y provenientes de esos espacios imaginarios) la realidad aporrea el discurso y lo sumerge cada vez más en falsas definiciones y ficticias aproximaciones.

Y para no entenebrecer más a la "ciencia deprimente", habrá que echar mano de la inspiración poética para ubicar los resortes del problema. Para eso están, por ejemplo, los antiguos versos de un frustrado abogado pero encumbrado rapsoda:

"... y la riqueza que el Creador había escondido y enterrado en las profundidades, en medio de las mismas sombras estigias, salió a la luz, lo que empuja a los hombres al delito" ("Metamorfosis", Publio Ovidio Nasón, en la Tercera de las Cuatro Edades, Cátedra Letras Universales, p. 197).

Esto lleva a los veneros diabólicos lopervelardianos que el "creador" tuvo a bien escriturar y que hoy están a punto de cambiar hasta de notario.

Pero observando un poco, se verá que en unas líneas se condensó el espíritu gatorpardiano (cambiar para seguir igual), muy de moda, y lo que ha sido la economía nacional durante los últimos 34 años ("coincidencia cíclica: todo sucede en la tercera década -neoliberal- de la tercera edad ovidiana", se diría a manera de coro de Wall Street).

"Se vive de lo robado", expuso el vate romano (Balzac observó esto cuando se refirió a las fortunas mal habidas) y, total, que hasta "las horribles madrastras mezclan amarillentos venenos" con partidos políticos que son cualquier cosa, menos de la llamada "izquierda". Tal ha sido la época.

De ahí la trama vital, que explica parte de las causas por las cuales un país mantiene su economía estancada, conectada artificiosamente a alguna escafandra, apegada a un Estado de Derecho retorcido y sostenida con aire lírico y místico, muy lejos de los hechos.

En esta parte de las definiciones, hay que convenir con aquellos cuya investidura ("Ministro del año") apenas permitiría toser pues, cierto, nuestro país no está en recesión: si del INEGI no emanaran los humos evangélicos de la economía y sus estadísticas deformadoras, con toda honradez se tendría que hablar de "Depresión", que es mucho peor.

Esto no gusta a la felicidad ficticia, pero el fenómeno no es nuevo ni de este año, sino que se viene padeciendo desde hace seis años tras la burbuja especuladora que hizo más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, y que sigue haciendo de las suyas en naciones que cuentan con gobiernos que gobiernan menos o son simple fachada.

Tampoco son novedosas las expresiones que sugieren "señales de recuperación". Esto ha sido reiterativo desde 1982 y lo que ha sucedido después es exactamente lo contrario: el enfermo empeoró (el último chiste lo protagonizó el Doctor Catarro). Más de 56 millones de pobres lo confirman (y suma y sigue, como se dice).