Los Sonámbulos

Salir de la confusión

Política y económicamente, el que se fue será recordado como "el año de la felicidad fugaz", aunque esto sea ya el guión permanente de una larga saga de "duermevelas" y sus años de horizontes promisorios transformados en negruzcos paisajes.

No hay que apelar al gastado truco de buscar en las nubes lo que se tiene en la nariz, formulando preguntas hueras pues, como observó Camus, la confusión está clarísima.

Por principio, aunque parezca el típico fin de sexenio, no lo es, en política todo empieza por aquellos que, sentados en el banquillo por capítulos nada pulcros, piensan que éstos forman parte del destino inevitable del ser y que aplicar la ley sería como mutilar la "esencia del ser", condenándolo a una vida con prótesis, ni siquiera de medianía.

Visto con humor, por una especie de milagro varios han llegado al 2015 con el cargo, aunque sea a rastras. Pero esa providencialidad no es otra que la divina impunidad, por eso los trastupijes en los que hasta burócratas de medio pelo andan obsequiando autos de lujo.

"Condescender no es gobernar", le recetó, en público, un ministro a cierto Presidente ante la degradación de la vida pública, promovida y/o permitida desde la casa presidencial. La liviandad, de ayer y hoy, justifica la desconfianza reinante.

En la economía, el impulso de utopías envueltas en prendas reformistas ha venido sucediendo hace ya más de 33 años, cuando el capitalismo inmoral comenzó a adueñarse no sólo de los bienes públicos sino también de la vida pública y sus instituciones, haciendo más ineficiente (y corrupta) ésta y la suya.

Mundos idílicos se enfrentan desde entonces (aunque hoy con más fuerza) a la insatisfacción y al malestar generalizados por ver cómo empresarios y políticos no hacen otra cosa que rellenarse los bolsillos, aireando la subordinación o la abierta connivencia, incluso ahora con cárteles criminales.

Confundidas las funciones, o imbricadas, los resultados han sido devastadores.

Eso es lo que ha dejado, por ejemplo, que las obras y los servicios públicos a cargo del gobierno sean subcontratados a firmas propensas a la especulación (o a la evasión de impuestos) que luego deben ser "rescatadas" vía impuestos ciudadanos.

Así fue con el "fraude carretero" (otro caso de nefanda memoria neoliberal, un Fobaproa vial) que costó más de 100 mil millones de pesos tan sólo de pagos de intereses, entre 1997 y 2006, y que de 58 mil 123 millones de pesos pasó a 180 mil millones de pesos, tres veces más. Ese timo se ha mantenido en la oscuridad desde el 2012 y lo último que se difundió fue que se desembolsaron 18 mil 800 millones de dólares, más intereses.

Los genuinos exhumadores del pasado nunca confundieron lo realizado por los liberales del Siglo XIX: no fueron reformadores, sino revolucionarios (una diferencia notable). De esa confusión hay que salir.