Los Sonámbulos

De Plutarco y los Stones

En las últimas décadas el país ha vivido capítulos graves que terminaron en tramas ocultistas o esotéricos, donde cualquier investigador medianamente serio asumió la derrota de antemano.

"El Péndulo de Focault" (Humberto Eco) resulta de cortos alcances frente a todo esto, un mal chiste contra el aburrimiento.

En eso estriba el deporte de la élite política y económica: sacudirse el fastidio diario que, si no está bañado en sangre, navega en las aguas hediondas de la corrupción. Hay que evadir lo que golpea la vista.

Peleas con fantasmas, acusaciones muchas veces sin remitente ni destinatario, espectros terríficos sin cara y sin nombre, la vida pública se ha diluido entre la chacota conspirativa y la comedia detectivesca en momentos vitales.

Así fue con "los sacadólares" increpados desde la tribuna legislativa por José López Portillo, así sucedió con los empresarios nacionales que, según Carlos Salinas, fueron informados de la devaluación en 1994 y que, como tenían en sus manos una buena cantidad de Tesobonos, emprendieron la graciosa fuga con las maletas llenas.

Otro tanto se ha dado en torno del asesinato de Luis Donaldo Colosio y casi es lo mismo en el supuesto complot electoral de 2006 donde, en el colmo, el afectado estaba patrocinado por igual por "gente de arriba" que, en teoría, estaba también parapetada.

Ni "Jolopo" reveló la identidad de los "saqueadores", que tantas lágrimas le provocaron, mucho menos su sucesor, Miguel de la Madrid, heredero de una crisis que lo acompañó hasta el final de su mandato, casabolsazo especulador de por medio (1987)

Tampoco Salinas de Gortari le puso nombre y apellidos a los especuladores domésticos. Y eso que ha tenido tiempo -y dos libros, con cerca de dos mil páginas- para pormenorizar, pero ahí sigue el Fobaproa -ahora IPAB- como "pulpo chupeteador del presupuesto nacional", diría Jesús Martínez "Palillo".

El mismo ex mandatario menos ha querido, o podido, revelar identidades de la "Nomenklatura" que, según él, se encargó de asesinar a Colosio Murrieta, mientras la versión oficiosa y otro tanto esotérica configuró al "asesino solitario".

Total, un mundo de conspiración sin responsables ni culpables, creado por fieles herederos -y algunos entenados- de la escuela espiritista de Plutarco Elías Calles.

Así, ni caso tiene explicar por qué la economía es conducida con misticismos del tipo "aún no existen señales de recuperación" (Banxico, dixit) que en términos médicos y económicos quiere decir: "el cadáver sigue muerto".

Figura de emergencia en casos similares, "El Maléfico" ha estado ausente de las prácticas deportivas no tanto por capricho ni por la critica satírica de los Rolling Stones hacia la imbecilidad humana con su "Sympathy for the Devil", sino porque ni falta hace. Le cambiaron el nombre, igual a los idiotas.