Los Sonámbulos

Persiguiendo una ilusión

Por cuarta ocasión en lo que va del año y aunque les queda tiempo para superar su récord, los astrólogos de la economía han reculado. De 1.7 por ciento a 1.3 por ciento. Se diría que es un acto de sensatez.

Empero, los mismos nigromantes ya están lanzando sus horóscopos para 2014, impregnados de feliz reparto presupuestal partidario, sostenidos, como siempre, en la fortaleza económica interna y, claro, en la infaltable solidez de los fundamentos, reforzados además con la agenda reformista de tufo lampedusiano.

El presupuesto del año próximo anticipa algunas cosas: recaudatorio y deficitario, lo primero para tratar de cubrir programas asistencialistas -seguro de desempleo y pensión universal- y lo segundo para facilitar el negocio antes que la inversión, esto bajo un modelo que no requiere de entrar en pormenores: el de Santiago Hankistenco, de vena mexiquense.

Quizás esto explique por qué, desde que se inició la actual administración, la inversión fija bruta muestra una pendiente descendiente hasta ubicarla en 5.4 por ciento, según el INEGI.

Esto manifiesta que los empresarios locales y extranjeros no han invertido en la actividad industrial; es decir, en fábricas, maquinaria, equipos, viviendas, inventarios de materias primas, todo esto base para la producción futura (el caso de la vivienda, patético, con un país de más de 50 millones de pobres y un excedente de casi 5 millones de casas vacías, sector en problemas).

La tendencia hacia la no inversión fija bruta la refuerza el presupuesto en virtud de la preeminencia de la doctrina deficitaria del desaparecido mentor (la Secretaría de Comunicaciones y Transportes tendrá un aumento de 49.7 por ciento en su gasto de inversión pública, fijado en 106 mil 602 millones de pesos) e "IVAS" fronterizos.

Y de que nuestros empresarios no siempre son los más preo-cupados por los indicadores macroeconómicos -salvo los despistados funcionarios de siempre- ni quieren competir entre ellos, respetando cada cual su espacio monopólico y por eso prefieren invertir en el exterior.

A esa realidad hay que sumar otro factor como quien apunta con una pistola al cráneo de su víctima: lo que decida hacer Estados Unidos con su tasa de interés, que provocaría el típicoefecto manada -fuga- del capital especulador.

Lo demás forma parte de la fábulade siempre con sus anuncios felices persiguiendo una ilusión.