Los Sonámbulos

Pelé versus Rocky


Cuando Edson Arantes Do Nascimento, "Pelé", comparó su juego de futbol con la música de Beethoven y la pintura de Miguel Ángel, nadie chistó, salvo Maradona, quien vanamente buscó refugio en los legendarios demiurgos del rock, los Rolling Stones.

Nadie más hizo gestos porque este ha sido uno de esos casos raros en los que el halago en boca propia ni es vituperio ni exceso de autoestima.

En su libro "La Fiesta del Alarido", el periodista Manuel Sey de se regodea al dibujar al "niño prodigio a quien le dijeron: toma el violín, toca algo para los señores", refiriéndose al Pelé del mundial de Suecia en 1958, al que luego comparó con Edison, "que todo lo inventaba", con la cabeza y con los pies, en la justa de 1970.

Sin embargo, una década más tarde este tricampeón mundial, ya retirado de las canchas, fue invitado a participar en la película "Escape a la victoria", al lado del actor Michael Caine, Max von Sydow y Sylvester Stallone, para ese tiempo ya una estrella de Hollywood merced a "Rocky", que lo nominó dos veces al Óscar.

La cinta, inspirada en un hecho real –El partido de la muerte, sucedido durante la Segunda Guerra Mundial-, debía culminar con un espectacular gol de chilena del cabo Luis Fernández (Pelé), levantar a todos de sus asientos y darse a la fuga del estadio en medio de la algarabía, incluida la de los mandos nazis.

Pero el portero – Stallone en el papel del capitán Robert Hatch- quería meter el gol de la victoria, lo que no consiguió, pero si logró que el final de la cinta fuera modificado: tras la chilena de Pelé, el equipo aliado cometió penalti y la oncena nazi tuvo la oportunidad de meter gol pero, parafraseando al cronista Ángel Fernández, "el vuelo fantasmagórico" de Stallone lo evitó y se vistió de héroe.

"También aprendí que las estrellas no son siempre democráticas", cuenta Edson Arantes respecto de lo que asimiló durante el film (Pelé, memorias del mejor futbolista de todos los tiempos, Temas de Hoy, Planeta, pp. 251-252)

Aquíno registró la tesis de Descartes en cuanto a la presencia de "substancias no extendidas" (la mente) ni cuerpos dilatados en el espacio sometidos a leyes mecánicas de la física, sino el simple y llano "ego, luego existo", de corte cartesiano también.

Eso mismo pasa en política, en economía, en el mundillo intelectual y de las letras, etc., mundo real de las pasiones humanas que sólo son motivo de aproximaciones en las teorías.