Los Sonámbulos

Patafísica esférica

Por siglos la idea de la "armonía de las esferas", de origen pitagórico, gobernó la ciencia. La cosmología tenía firme el dogma del "movimiento uniforme en círculos perfectos"... hasta que topó con el horrible "huevo" de Kepler quien, tras observar al planeta Marte, comparó su hazaña con la de Hércules tras limpiar los establos de Augías (esos, llenos de estiércol).

En esas están los estudiosos del comportamiento social en relación con un fenómeno que lo mismo sería una religión, un arma del capitalismo salvaje o estatal, un señuelo político; también un deporte, un espectáculo, un entretenimiento, una forma de perpetuar la infancia o la promesa de dicha a plazos, según las sintéticas aproximaciones de Juan Villoro, incluso una "droga de diseño", como condensó Manuel Vázquez Montalban.

Lo obvio es que desde hace tiempo se hizo a un lado la arrogancia de los intelectuales y el fútbol ya no es un simple encuentro entre contrarios con miras a la promoción de "mentes sanas en cuerpos sanos" como resorte de una sociedad modelo (por lo demás, una propuesta desmitificada hace mucho por la figura de Kant o, por contra, por jugadores que acometen con tarascadas a sus rivales como hambrientos lagartos de pantano o confunden el césped con una piscina)

Otro tipo de "limpieza" ha sucedido en este terreno entre los entes "pensantes" y se han propuesto lances buscando describir todo o parte lo que rodea a una actividad que, cierto, es más que una simple esfera rodando.

"Algunos creen que el fútbol es una cuestión de vida o muerte, pero es algo mucho, mucho más importante que eso", rezó la leyenda casi bíblica de Bill Shankly, "entrenador" (ahora son DT´S) del Liverpool entre 1959 y 1974.

Acaso esto llevaría a los terrenos de la patafísica, tanto porque está más allá del humo metafísico (que supondría la presencia de providencias que han conferido todas las virtudes balompédicas al clásico caudillo, sobre el que se ha puesto la fe o el destino de un pueblo) como porque está cerca y se hace fundamentalmente con los pies.

En esto el aficionado (o feligrés) es de vital importancia, como probó el caso local, donde los primeros conjurados, autonombrados "Los Guadalupes", se transformaron y pasaron del rabioso "¡mueran los gachupines!", al pícaro coro mundialista que los brasileños plagiaron y espetaron a manera de revancha: !eeehh...puuuuto! (nada que no esté impulsado por una fuerza espiritual así puede tomarse en serio ni soportar el infortunio).

Aquello que colma estadios, convoca a fieles, genera dividendos millonarios y evasores y, en suma, es tan popular no porque la idiotez sea popular, como supuso Borges, será motivo de variopintos estudios sin que nada se acerque al huevo kepleriano (a pesar de filósofos, sociólogos, sicólogos, financieros, comentaristas, etc, especulaciones de la imaginación).