Los Sonámbulos

Palinodia nacional

Igual que sucede desde 30 años, el coro variopinto se alza en parabienes por el martilleo reformista que sonó este año en la agenda pública. Ecos de capítulos semejantes, se recuerda que los que entonaron a voz en cuello el himno nacional frente a la nacionalización de la banca, fueron los mismos que se quedaron afónicos con las notas de la alabanza tras su privatización.

Palinodia nacional, donde el poeta se retracta de su oda anterior, hete aquí la conversión de los herederos que un día hincharon el pecho ante la expropiación petrolera, y ahora lo vuelven a inflar para privatizarlo.

País de ilusos que acumulan tres décadas –y más pobres rayando en la miseria- y varias generaciones esperando que el espíritu reformador por fin se muestre, nada mejor que continuar con la estrategia que promete idílicos falansterios y futuros que nunca llegan.

Así, la redistribución de la riqueza seguirá entre los que han monopolizado la economía, abriendo de paso las arterias a las compañías que no se conformaron con saquear los recursos de un país, sino que por décadas estuvieron sangrando el erario y, a manera de revancha, saboteando a la nación en situaciones financieras.

Jesús Silva Herzog lo afirmó de manera diáfana al referirse a las indemnizaciones del gobierno a las firmas trasnacionales durante casi 15 años -1947 a 1962-: "México no es el deudor de esas compañías piratas, sino su legítimo acreedor".

Lo único relevante de todas estas reformas es que ha permitido ver el talante de cada cual, sin engaños ni dobleces, y que los constitucionalistas se pueden ir al carajo con el carácter evangélico que le han querido conferir a un documento que, obvio, no lo es y, tan no lo es, que su contenido expresa la disposición a ser modificado.

La ley no es escritura sagrada y eso quedó claro en el caso del petróleo; lástima que los que hoy saludan con gusto este descubrimiento en otros casos apelen a ella, enmascarados en una falsa y convenenciera pose de legalidad.

Como viene sucediendo desde hace 30 años, cuando se proclamó la agonía de un régimen que nunca tuvo nada de revolucionario y sí mucho de conservador, las nuevas metas llevadas a las normas ya tienen viejos y conocidos propietarios.

Lo único que ha faltado es la exaltación patriótica vía Himno Nacional.