Los Sonámbulos

El Ogro Populista (Shrek cambia de bando)

Borrada la frontera geométrica de "izquierda-derecha" y con la democracia reducida a un simple trámite legitimador, la narrativa del capitalismo neoliberal (del moderno "buen salvaje") ha enfocado ahora su artillería contra ese ambiguo adefesio denominado "populismo". Sin nada más que ofrecer, salvo estancamiento y empobrecimiento, invoca a sus engendros en un vano intento por ocultar sus graves deformaciones.

Son de agradecer las advertencias, no tanto las intenciones, ya que los partidarios del status quo, antes que un necesario ejercicio de autocrítica y corrección, han optado por lanzarse contra un ente no tan fantasmático como indeterminado, al tiempo de sugerir que los desastres de su evangelio económico (causas de insatisfacción social y de rechazo a sus gobiernos), el secuestro de la democracia por parte de los poderes económicos y clanes familiares y hasta el empoderamiento de la delincuencia organizada (presente en ambos ámbitos), así como otros males notables, son lo menos peor de entre lo peor (que también es posible, como demostraron los populismos de derechas -fascismo- y de izquierdas -estalinismo-, de memoria fúnebre)

Vendedor de las mismas ilusiones ("Justicia e Igualdad" es sinónimo de "Bien Común"), Shrek esquizofrénico cambia de ropa y advierte contra la estafa política sin dejar de ratificar su conservadurismo al reclamar al perverso Lord Farquaad lo que considera de su propiedad (su pantano, dicho literalmente y en el peor de los sentidos), demandando el desalojo de magos, hadas y otros seres tan fantásticos como él, arremetiendo además contra ciudadanos ciegos y/o malagradecidos (incluidos los más de 56 millones de pobres) con espoteras amonestaciones, signo de ceguera más que de incomprensión.

Es cierto que una amplia franja de la sociedad acusa los síntomas de las "catexias freudianas" (esas que suponen la acumulación de energía psíquica en torno de una idea, cercana a la demencia catatónica, al automatismo o al sonambulismo), atraída por la lógica política (Laclau, dixit) simplificada con dicotomías como: "los de abajo contra los de arriba", "la prole contra la burguesía", "los explotados contra los explotadores", etc, fenómeno promovido precisamente por la doctrina capitalista y su filantropía depredadora-evasora, versión no menos grosera que la de su ogro gemelo, "Papá gobierno" y sus cosificadoras compensaciones sociales.

Diferencias de estilo, el Ogro Populista en nada difiere del Ogro Filantrópico (Octavio Paz) ni del Ogro Antropófago (Carlos Castillo), menos del actual Ogro Salvaje, criaturas que comparten la retórica ilusoria que promete el cielo en la tierra, aunque el expediente de esos monstruos confirme el consabido final Shrek-Fiona: "Y vivieron feos para siempre".