Los Sonámbulos

Del “México de mis horrores”

Por cansancio o por cultural importamadrismo, los protagonistas de esta larga pesadilla neoliberal y su deformado Estado de Derecho tendrían que dejar de enarbolar algunas banderas y procurarse otras que les permitan lograr un mínimo de credibilidad.

La insistencia, por no hablar de fe, les ha impedido percatarse que desde hace tiempo el país está presidido por la sospecha, sostenida por un anchuroso camino pavimentado por engaños económicos, políticos y jurídicos, mundos paralelos donde la sinestesia oficial, ese raro fenómeno de ver, por ejemplo, cosas coloridas donde hay números secos y sin chispa, ha sido central en la trama.

A la manera de Chesterton y tal vez por filiación dogmática o de partido, alguna gente quizás estaría en condiciones de creer hasta en lo imposible -sueños deseados de amaneceres radiantes y esperanzadores, utopías incluso sin islas- pero no en lo improbable ya que, obvio, hasta esto requiere de previos asideros, pruebas, cálculos, etc.

En el plano económico, la versión descarnada del "México de mis amores" (el "México de mis horrores") la respalda su guión de lo "improbable" con la retórica de enunciados cómicos y etéreos, dando forma a fárragos supuestamente pasados por análisis y evidencias.

Lo sucedido durante las últimas tres décadas lo prueba, como probada es la ausencia de competencia por parte de portadores de pergaminos simbólicos y sus mandos (formales e informales, en realidad un hurto neoliberal del "Joven Manos de Tijera" y sus recortes de crecimiento anticipadamente seccionados, zurcidos sobre retazos).

Con los antecedentes que han configurado lo "improbable" (futuros rutilantes largamente prometidos) se ha querido, bajo los mismos métodos de propaganda, que la gente crea lo imposible (en el mismo horizonte radiante).

Pero algo está fallando ya cuando, desde el exterior, representantes de los templos del capitalismo paralizador están demandando "cambiar de estrategia", ello debido a asuntos que han minado todavía más el poco crédito que se arrastra, como ha sido el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa y la actuación de las fuerzas castrenses en Tlatlaya.

El golpe sin duda ha sido seco, en pleno mentón, tal como se estila en la jerguilla del boxeo, lamentablemente con muchas vidas humanas de por medio. Es comprensible la incredulidad y el tamaño del enojo, tanto de los afectados como de la sociedad en general, por los hechos y por las pretendidas conclusiones.

Desafortunadamente, los llamados a mutar de táctica son para fortalecer la "seguridad" del capitalismo actual y, parafraseando a Clausewitz, continuar el modelo del engaño por otros medios, intentando sofocar las llamas en las praderas de la indignación, en ese México de nuestros "horrores" que, por omisión o complicidad social, se ha institucionalizado.