Los Sonámbulos

Ideas sin carne ni hueso.. y demás

Desde que Tomás Moro, santo patrono de los políticos, tuvo en el viajero portugués Rafael Hythloday al portavoz de islas fantásticas donde "el cielo cubre a quien no tiene sepultura y el camino a cielo tiene, desde todas partes, la misma longitud y distancia", los estadios utópicos salpicaron las buenas conciencias y las tornaron radicales, casi en sueños deseados.

Pero estos pensadores, humanistas pintados de rojo al calor de un sueño que sugirió la convivencia comunal como el mejor modelo de civilización, incluso con casas suntuosas de tres pisos para cada una de la familias, no han sido los únicos que han dado a la bondad de las personas el carácter de motor de empresas que, como prueban siglos de ejemplos, han tenido un concurso más humano.

"El capitalismo es el único sistema en la historia en el cual la riqueza no es adquirida mediante el robo, sino por la producción; no por la fuerza, sino por el comercio... Si esto es maldad... Si éste es el motivo por el que se nos debe maldecir, lo elegimos y aceptamos ser condenados... nosotros, los defensores del hombre. Elegimos traer puesto el nombre de "Capitalismo" impreso en nuestras frentes, con altanería, como nuestro distintivo de nobleza".

Ayn Rand aseguró lo anterior en su novela "La Rebelión de Atlas", expresando: "Confío en que nadie me dirá que personas tales como las que he retratado aquí son imposibles. Que este libro haya sido escrito, y publicado, es mi prueba de que existen".

A nadie, menos a los defensores del mercado clásico, especulador y fraudulento, se le ocurrió preguntar en qué parte del mundo deambulan esos especímenes, del mismo modo que a Moro y a Pedro Egidio –su editor-, tampoco les saltó pedir datos sobre la ubicación de la República de los Utópicos, ni los rasgos físicos de los filarcas, sifograntes, traniboros y, claro, el rey, de la isla humanista)

Ideas sin carne ni hueso, ni lo vital, lo cierto es que "donde todo se mide por el dinero, es difícil y casi imposible que la república se gobierne con justicia y prospere satisfactoriamente", y que es imposible que florezca la prosperidad "donde todo se reparte entre unos pocos" (Utopía, libro primero). ¿Es necesario citar ejemplos?

Bienvenida la creatividad pura y dura, pero sin el engaño de comprar "reses flacas y baratas en otros lugares y revenderlas a precio alto", según Moro, preludio del Crac del 29, los "punto.com", las hipotecas subprime, Enron, el "Efecto Tequila", etc., donde las ideas fueron aplastadas por impulsos de riqueza fácil.

La existencia de la propiedad privada como mal de toda sociedad, con sus ricos codiciosos, astutos e inútiles, frente al egoísmo creador de riqueza que vomita al altruismo, germen parasitario de un "capitalismo del pueblo" que odia "lo exitoso de la vida, y por ese mal definitivo, apocalíptico: el odio al bien por el hecho de ser el bien" (Rand, "Capitalismo, el ideal desconocido", Grito Sagrado, p. 246).