Los Sonámbulos

Friedman y la “meritocracia”

"Debo decir que me opongo a ser gobernado por una aristocracia por nacimiento tanto como por una meritocracia...".

Esto no lo firmó algún marxista u otro afín, sino uno de los pastores por excelencia del credo neoliberal, Milton Friedman ("La economía monetarista", Gedisa, pp-163-164), quien consideró de "la mayor arrogancia que cualquiera suponga que tiene el derecho a decidir cuáles son los mejores y cuáles los peores valores para otros por cualquier otro medio de persuasión".

Friedman incluso se mostró dispuesto a ser gobernado por la aristocracia ("es, de lejos, el mal menor, aunque más no sea porque los que nacen aristócratas tienden menos a ser arrogantes. Saben que es un accidente.")... "¿Pero una meritocracia, gente que sabe que es más capaz -el subrayado es de Friedman- que sus conciudadanos, y que por tanto están en condiciones de gobernar? ¡Dios no lo quiera!", remató.

Expuesto a partir de la creencia de la dignidad del individuo y en la preeminencia de la libertad entre los seres humanos como el objetivo de organización social, este argumento ha sido combatido por la feligresía neoliberal ante las evidencias presentadas por el francés Thomas Piketty, respecto del engaño de la meritocracia en el ámbito económico, mito construido para intentar defender un modelo promotor de desigualdades no solo en cuanto a oportunidades, sino también con salarios estratosféricos de gerentes y ejecutivos, y la insultante concentración del ingreso.

"El extremismo meritocrático puede pues llevar a una carrera-persecución entre los superejecutivos y los rentistas, en perjuicio de todos aquellos que no son lo uno ni lo otro", sostiene Piketty (El Capital en el Siglo XXI, FCE, p. 459).

Esto que parece una profecía, ha sido una realidad, por eso la oposición a elevar impuestos sobre los grandes ingresos, gravar las herencias y el capital financiero, además del bloqueo a la generación de espacios para que las personas puedan acceder a mejores oportunidades, como la educación, fenómeno que se registra también en esferas económicamente más altas (ilustrativo el ejemplo que cita Piketty, el de la Universidad de Harvard, donde la selección de alumnos se hace más con base en los ingresos de los padres que por sus méritos).

Empero, los defensores de la meritocracia neoliberal apelan ahora, entre otras cosas, a las innovaciones tecnológicas como respaldo de las rentas desproporcionadas y las sospechosas concentraciones, una falacia que no se sostiene porque, con raras excepciones, la mayoría tiene como "justificación" la monopolización de las actividades productivas y/o la especulación inmobiliaria, financiera y hasta petrolera.

Basta con ver los nombres que encabezan las listas de las grandes fortunas para percatarse de que los "cerebros innovadores" no están ahí.